Opinión

El descomunal reto de organizar las elecciones

Derivada de la reforma electoral, se inicia la primera elección que deberá contener todos los nuevos elementos recientemente aprobados por todos los partidos políticos. ¿Estaban conscientes de lo que hacían?

Veamos algunos datos sustantivos: 82 millones de personas están inscritas en la lista nominal; habrá 152 mil 512 casillas en todo el territorio –nueve mil más que hace tres años. El nuevo INE tendrá que sortear (le dicen insacular) a más de diez millones de ciudadanos y luego capacitar a más de un millón 250 mil, para que organicen y sancionen todo lo que ocurra en las casillas.

Las cifras pudieran ser la inspiración para que narradores de alto calibre nos hablaran de cuentos asiáticos ocurridos en medio de tifones y tsunamis donde sólo unos cuantos sobrevivirían a la hecatombe. Es de ese tamaño.

Todo esto tiene por misión renovar los asientos de 500 diputados y a nueve gobernadores más las 16 delegaciones en el Distrito Federal.

No cabe duda, al menos numéricamente, la nuestra es una gran democracia.

A todo esto habría que agregar las nuevas actividades del INE para que, en datos oficiales, sus responsabilidades hayan crecido en al menos 71 por ciento.

Véase el hecho de que el IFE anterior no tenía atribuciones en las elecciones locales, y ahora tendrá que cargar con la supervisión de la televisión por cable y satelital que antes sólo se centraba en la televisión abierta. Como son más partidos, también habrá mucho más tiempo para ellos en radio y televisión. Y para el bien de la República, habrá una quirúrgica revisión de los contenidos para que los candidatos sean entrevistados pero no promovidos a la manera de propaganda franca o sutil como ha ocurrido en otros tiempos.

¿Quién lo hará? ¿Con qué método se analizará el contenido de miles de entrevistas y reportajes?

A la cantidad de nuevas atribuciones, habrá que cargar la densidad de tareas que requerirán el conjunto de antropólogos, analistas, comunicadores, abogados, estadígrafos y otras especialidades para dar certeza y equidad a la elección.

Como podemos constatar, la legislación electoral, las atribuciones al Instituto Nacional Electoral, la credencialización, los folios con fotografía y todo el proceso para elegir lo mismo a legisladores que a miembros del Ejecutivo, todo, absolutamente todo, está basado en la desconfianza. Que nada quede suelto, todo visto, supervisado, analizado con lupas milimétricas y con angulares del mayor calado.

Lorenzo Córdova Vianello, el consejero presidente, ha declarado que la que viene, es la elección más compleja y también la más grande de la historia mexicana. Es muy cierto, también es la que reúne la mayor desconfianza y en donde por primera vez, el acecho de los malvivientes estará presente. Ahora se instrumentarán un buen número de medidas para evitar se cuelen los Godoy y los Abarca que ya son paradigmáticos de cómo legisladores y alcaldes representan no a la población sino a los jerarcas del crimen.

¿De qué modo las nuevas elecciones podrán ser un obstáculo firme y decidido para que entre la clase gobernante no haya más infiltrados? ¿A qué pruebas habría que someter a los nuevos representantes?

¿Logrará el INE llevar a buen puerto esa descomunal barcaza?

Es un trabajo para Hércules.

Twitter: @RaulCremoux