Opinión

El desarrollo sería posible


 
El 19 de febrero tendrá lugar en Toluca la Cumbre de América del Norte. Peña Nieto recibirá en la capital del estado que gobernó al Presidente Barack Obama de Estados Unidos y al primer ministro de Canadá, Stephen Harper.
 
El encuentro no parece tener un propósito compartido por los tres jefes de gobierno participantes. El interés de México, según lo precisó el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, sería alcanzar una mayor integración y apertura comercial entre los tres países.
 
 
Desde el alemanismo y explícitamente a partir del salinismo, se sigue en México un modelo de crecimiento que hace depender el destino nacional de la economía de Estados Unidos.
 
 
La mayor actualización del modelo durante el panismo, que Peña Nieto mantiene, ha sido referirse a Norteamérica como región compuesta por los tres países.
 
 
El problema es que ni Estados Unidos ni Canadá han favorecido la relación trilateral. Los dos gobiernos han preferido sostener relaciones bilaterales entre ellos y tratar con México también bilateralmente.
 
Será muy difícil que Peña Nieto consiga que se avance hacia una mayor cooperación trilateral en asuntos como transporte, infraestructura, migración, energía, ambiente o políticas antinarcóticos.
 
Mucho menos puede esperarse receptividad de estadounidenses y canadienses a la idea de crear un fondo de inversión regional aplicable a reducir la brecha de desarrollo con México, o que estén dispuestos a considerar un acuerdo de movilidad laboral, o cualquier otro asunto que cambie la relación entre ellos y nuestro país.
 
 
México es el que tendría que cambiar su relación totalmente dependiente con Estados Unidos, por una más digna de nuestra importancia económica y cultural, que es reconocida en el mundo.
 
Se puede. El requisito es pensar sin colonialismos mentales, como el de muchos de nuestros políticos e intelectuales, para poder diseñar estrategias que fortalezcan 1) las capacidades productivas del país, 2) atemperen las desigualdades, condición para avanzar en desarrollo social y 3) actualicen el orden institucional y la gobernabilidad del país.
 
Nada de eso cambiaría la ubicación geopolítica de nuestro país ni le restaría peso a los vínculos con Estados Unidos, pero modificaría la calidad de esos lazos para que México recupere soberanía sobre su destino.
Fortalecer las capacidades productivas mexicanas es además, una necesidad urgente; aún cuando la titubeante recuperación estadounidense se afirmara, no volverían las exportaciones mexicanas a ser el motor dinámico que ha sido de nuestro crecimiento.
 
Estados Unidos ha decidido recuperar su planta manufacturera, aprovechando la posibilidad que ofrece el gas shale de abatir los costos de la energía. El nuevo patrón de crecimiento y comercio de ese país pretende elevar la oferta doméstica de bienes de consumo duradero.
Su producción industrial ya crece al doble que la de México. Por eso sus compras de manufacturas a nuestro país han venido creciendo menos y hay que prepararse ante el escenario de que siga esa tendencia en el futuro.
 
Para quitarle a las exportaciones su importancia como principal motor de nuestro crecimiento, hay que fortalecer el mercado interno. Se trata, en el fondo, de revertir la tendencia a reducir la masa salarial en proporción al PIB. En 1991 los salarios representaban el 39.79 por ciento del PIB y sólo el 27.2 por ciento en 2012.
 
La diferencia entre países ricos y pobres no es el monto de la riqueza que producen sino la proporción del PIB que se paga en salarios: menos del 30 por ciento en México, más del 60 por ciento en Europa.
 
 
Las inversiones y las innovaciones técnicas y de productos -que son los verdaderos motores del crecimiento- siguen a los mercados de consumidores privados.
 
 
Un tercer requisito para levantar a México sobre sus propias capacidades, al propiciar eficiencia productiva y bienestar social, es reconstruir la autoridad del Estado en todo el territorio. Derrotar a la delincuencia es un reto preeminentemente social y político, antes que policiaco o militar.
 
 
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