Opinión

El derecho a aprender con y en inglés

1
 

 

[Cuartoscuro] México ocupa el primer lugar en casos de bullying entre estudiantes de secundaria. 

Jennifer L. O’Donoghue.

Directora de Investigación en Mexicanos Primero.

La semana pasada presentamos un estudio sobre el aprendizaje del inglés en México. Para evaluar el nivel de uso y comprensión del idioma que alcanzan los jóvenes egresados de la secundaria pública, desarrollamos y aplicamos un examen del inglés a una muestra representativa de 4,727 alumnos en once ciudades a lo largo de México. Los resultados fueron desalentadores, por decir lo menos: cuatro de cada cinco jóvenes demostraron un desconocimiento total del idioma; 13% llegó al nivel esperado para 4º de primaria; otro 5% al nivel esperado para 1º de secundaria y sólo 3% alcanzó el nivel de inglés esperado al concluir la secundaria. En otras palabras, 97% de los jóvenes -que sí aprobaron la materia de inglés- no alcanzó el nivel previsto por la SEP para acreditar la secundaria.

Estas cifras, peores de lo que habíamos imaginado, nos dejan fríos, espantados e indignados. ¿Cómo podemos interpretar esto? Me gustaría explorar tres de las implicaciones que se desprenden del descubrimiento de este tan bajo nivel de aprendizaje en las escuelas públicas en México.

Primero, la falta de aprendizaje real del idioma inglés en México devela las fallas de nuestro sistema educativo en cuanto a la implementación de la política educativa. La enseñanza del inglés fue incorporada en la educación secundaria por primera vez en 1926. A partir del 2009, con el desarrollo del Programa Nacional de Inglés en Educación Básica (PNIEB), se extendió para incluir los niveles preescolar y primaria, y desde 2011, la enseñanza de este idioma se incorporó al plan de estudios de 3º de preescolar hasta 3º de secundaria, y es obligatoria en todas las más de 200 mil escuelas de educación básica.

Sin embargo, a pesar de su “obligatoriedad”, la mayoría de las escuelas –86%- no cuenta ni siquiera con un maestro de inglés. Se podría argumentar que el programa es nuevo, que no debemos esperar que en un lapso de tres años llegáramos a una cobertura de 100%. Pudiera ser cierto para los grados iniciales, pero a nivel secundaria, donde se ha impartido la materia de inglés por casi 90 años, una de cada dos escuelas no tiene registrado ni un maestro de inglés. Y las inequidades son notorias: mientras que nueve de cada diez secundarias públicas en el Distrito Federal reportan tener maestro de inglés, sólo una de cada cuatro en Zacatecas y una de cada tres en Durango y Veracruz cuenta con esta figura. En corto, después de casi un siglo, todavía no se garantiza que cada joven en México tenga acceso a un maestro de inglés.

Segundo, los resultados son reflejo de un malgasto: la inversión ha sido ineficaz e inequitativa, al mismo tiempo que ha sido insuficiente. En los últimos cinco años se ha gastado 2 mil 800 millones de pesos en el PNIEB, así como otros 30 mil millones de pesos en salarios de maestros de inglés, pero nuestros jóvenes siguen saliendo de la educación básica después de al menos 360 horas de clase sin haber desarrollado las competencias mínimas para poder comunicarse en el inglés. Tampoco los jóvenes que recibieron calificaciones mayores a 9 en la materia de inglés tienen un aprendizaje considerable; al contrario, 53% de ellos demuestra un desconocimiento total del idioma. Y la distribución de maestros es todavía muy inequitativa: es la excepción y no la regla contar con un maestro de inglés en la escuela rural o indígena, la preescolar o primaria. Pero en vez de invertir lo necesario para asegurar una distribución equitativa de recursos y una enseñanza eficaz del idioma, en los últimos tres años el presupuesto para el PNIEB se ha reducido, impidiendo la expansión del programa.

Tercero, y más grave, estas cifras son evidencia de la violación sistemática del derecho a aprender de nuestras niñas, niños y jóvenes, derecho establecido en el Artículo 3º de la Constitución. El inglés es mucho más que una herramienta técnica, una asignatura extra, algo ajeno a los demás aprendizajes de la escuela. Por el contrario, el inglés es habilitante: nos abre puertas para poder aprender y participar cada vez más.

De un lado, con el inglés, tenemos acceso a un mundo – literalmente – de conocimientos que estaría fuera de nuestro alcance sin este idioma: 56% de los contenidos del Internet, hasta 97% de las publicaciones científicas, uno de cada cuatro libros. Del otro, nos permite participar y actuar, ser ciudadanos globales y realizar nuestras aspiraciones educativas y profesionales. Aprender inglés amplía nuestros conocimientos de otras culturas y desarrolla nuestras habilidades para expresarnos, debatir y resolver conflictos, así como actitudes democráticas como la tolerancia y el respeto para las diferencias. Sirve para llevar nuestras voces, exigencias y experiencias a las más de dos mil millones de personas, en diversas partes del mundo, que hablan inglés. Asimismo, abre oportunidades educativas y de empleo, tanto en México como en el extranjero.

Por éstas y otras razones, el inglés forma parte de nuestro derecho a una educación que abre la posibilidad de aprender y de seguir aprendiendo, de ser y crecer. Ahora que hemos diagnosticado el problema, es crítico buscar las soluciones. Para que la voz de México se escuche en el mundo, tenemos que asegurar que todos puedan aprender en y con el inglés.

También te puede interesar

Vamos invirtiendo en lo que más falta

Recuento de la profesionalización docente en 2014

El gasto público y el derecho a aprender desde el primer día de vida