Opinión

El debate sobre una
nueva bolsa de valores
en México

 
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 [Bloomberg] El IPC se ubica en 45,510.24 unidades, con una ganancia de 81.54 puntos.  

¿Cuántas plazas de toros necesita la ciudad de México? ¿Es suficiente con La México o caben una o dos más? ¿Cuántos aeropuertos requiere la capital?, ¿dos, como tiene París?, ¿o tres, como tienen Washington, DC o Nueva York? ¿Es necesario un segundo auditorio con las capacidades del Auditorio Nacional? ¿Es preciso construir una segunda autopista del DF hacia Acapulco? ¿Y qué tal una línea aérea de bandera más, que nos vuele directo a Varsovia, Roma o Kuala Lumpur? ¿Y un segundo Museo Nacional de Antropología?

La idea de establecer una segunda bolsa de valores para México (llamada Bolsa Institucional de Valores –BIVA–), gestada desde 2012 en las salas de reuniones estratégicas de Cencor del empresario Santiago Urquiza, es ciertamente atractiva. Urquiza promete una tecnología y unos precios que harían que cualquier empresario desee realizar una emisión en su nueva bolsa, poniendo a disposición del público acciones y bonos que se transarían con eficiencia, transparencia y prontitud.

Pero el problema al que se enfrentará Urquiza es doble. Por un lado, en México es muy baja la penetración de cuentas individuales. Hay quien afirma que únicamente hay 200 mil mexicanos (de los 120 millones que somos) con una cuenta personal en una casa de bolsa. Todos los demás que participamos lo hacemos mayoritariamente a través de fondos de inversión, lo que nos aleja del conocimiento específico y cotidiano sobre la operatividad bursátil.

El segundo problema es que los empresarios mexicanos no aceptan que el capital de sus compañías se haga público. Simple y llanamente no desean compartir con un gran número de inversionistas las cifras trimestrales de desempeño de sus empresas, mucho menos quieren rendir cuentas en una asamblea, ni someterse a un consejo de administración con miembros independientes. Ellos mandan junto con sus familias. Así les gusta. Incluso en las empresas públicas es así.

La tarea de BIVA será flexibilizar la estructura operativa del mercado para darle profundidad. Pero eso requiere que Urquiza convenza a mucha gente de que debe operar diferente. Personas del sector confiesan que varias de las casas de bolsa autorizadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) únicamente existen en el papel; es decir, funcionan para sí mismas y no ofrecen realmente servicios al público. De tal suerte, la gran pregunta es: ¿cuándo veremos en México que una enfermera o un gerente de una cafetería se preocupen de si subió la acción de Ienova o si bajó la de Grupo México?

¿Cuándo debería sentirse satisfecho el proyecto BIVA? Cuando un chofer de Uber o un mesero puedan comprar una acción de Grupo Zapata en la casa de bolsa de JPMorgan. ¿Será posible? Mmm…

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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