Opinión

El Davos de Enrique Peña Nieto


 
Cuando a finales de enero de 2012 el precandidato Enrique Peña Nieto apareció en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de Davos, los empresarios mexicanos asumían que se convertiría en presidente, tras el seguimiento de las encuestas que lo ponían en primer lugar, y tras el hartazgo por la caracterización de la inseguridad que la prensa internacional consignaba sobre nuestro país. Peña, que selectivamente elegía en cuáles reuniones aparecer, había sido adecuadamente incluido desde años atrás en la famosa cena latinoamericana, un peculiar aglutinamiento donde decenas de empresarios pelean por sentarse al lado de presidentes como Ollanta Humala o Ricardo Martineli.
 
En ese Davos, hace dos años, hablé con Enrique Peña, que había dormido poco los días previos y a quien le llamaban la atención los zapatos tenis que utilizaban, incluso vestidos de traje, los empresarios y personajes variopintos que acuden al Foro. Esto me dijo en aquella entrevista:
 
He podido compartir algunos de los temas y de las acciones que he venido proponiendo para este propósito [que México crezca], y también he escuchado a los analistas, a los expertos en materia económica [sobre] lo que prevén pueda ocurrir en el mundo, especialmente por la crisis económica en Europa, y por el crecimiento conservador que podría tener Estados Unidos. De ahí mi insistencia para que México se prepare para propiciar mecanismos internos que nos permitan detonar mayor crecimiento económico”.
 
Esbozaba el espíritu de la reforma financiera: “…la oportunidad que habrá para fomentar la formalidad, para estimular el crédito. He señalado que México tiene instituciones financieras sólidas, pero el nivel de crédito y el acceso al crédito que tienen hoy los mexicanos es muy bajo.”
 
 
Su fe estaba en la reforma energética: “Una reforma en la que tengo yo particular confianza, y que creo que en México daría oportunidad para colocarse en el centro de la atención de grandes inversionistas —y con ello propiciar mayor empleo—, es la apertura en el sector energético y muy particularmente en la empresa que es de todos los mexicanos, Pemex”.
 
 
Se sentía cerca de los empresarios: “He estado cerca del sector empresarial. Lo estuve cuando fui gobernador del Estado de México, en el propósito de generar políticas públicas que apoyaran la inversión privada”. También hablaba de que la democracia mexicana diera un paso evolutivo a una “democracia de resultados”.
 
 
Esta semana Peña viajará de nueva cuenta a Suiza después de un año de ausencia; pero con resultados bajo el brazo y con un mensaje claro: relanzar a México a la globalidad. Tendrá 2 mil 500 líderes del planeta listos para escucharle. Este será su Davos. 
 
Twitter: @SOYCarlosMota