Opinión

El daño a la Policía Federal

   
1
   

  

Enrique Galindo

El comisionado Enrique Galindo tiene la rara virtud de sobrevivir escándalos. Grandes tropiezos como el del domingo no son nuevos, y sin embargo la carrera de Galindo al frente de la Policía Federal sigue. Pero tal permanencia no es gratis. El costo que no asume el comisionado lo paga el cuerpo de policías que debería ser símbolo de excelencia, cuerpo policiaco cuya actuación hoy, de nueva cuenta, está bajo sospecha.

No sabemos qué ocurrió el fin de semana en distintos puntos de Oaxaca. Sabemos, sí, que previo a los eventos llegaron a ese estado varios aviones con elementos de la Policía Federal. ¿A qué iban? ¿A qué los mandaron? ¿Qué preveía el gobierno federal? ¿Qué temía? ¿Qué se proponía la administración Peña Nieto?

Si la información en manos de Bucareli ameritaba ese despliegue, qué bueno que se haya tomado la decisión de enviar policías federales. Pero a la luz de los acontecimientos, quién es el responsable de que las cosas hayan salido mal, tan mal, con muertos y heridos tanto entre civiles como entre policías.

Las cosas se salieron de tal forma de madre, que incluso el domingo la Comisión Nacional de Seguridad emitió un comunicado sobre la no portación de armas por parte de los agentes de la PF, boletín que sería desmentido ni más ni menos que por Galindo, quien tuvo que reconocer que las imágenes que mostraban a policías armados en la refriega del domingo en Nochixtlán eran verídicas.

La batalla por el spin mediático en las redes sociales ya la tenía perdida desde el domingo el gobierno federal. Pero un día después, para más inri de la credibilidad de la administración Peña Nieto, las declaraciones del comisionado Galindo sembraron mayores dudas. Este lunes, en diversas entrevistas, Galindo dijo que la Policía fue víctima de una emboscada.

¿Podemos creerle al gobierno? Al menos dos antecedentes no dan para tanto. En enero de 2015, en los conocidos hechos del día de Reyes en Apatzingán, una desastrosa actuación de la Policía Federal terminó con la muerte de nueve civiles. Las primeras declaraciones oficiales, a cargo del entonces comisionado para Michoacán Alfredo Castillo, fueron que los agentes de la PF habían sido víctimas de una emboscada. Investigaciones periodísticas primero, y luego la Comisión Nacional de Derechos Humanos, demostrarían meses más tarde que la Policía Federal fue todo, menos víctima en esos sucesos.

El otro antecedente es, claro está, Tanhuato, donde el 22 de mayo de 2015 murieron 43 personas, 42 de los presuntos integrantes de una banda, y un policía. La desproporción entre las bajas por cada bando provocó suspicacias sobre lo que la Policía Federal describió como un enfrentamiento. Nadie creyó eso, y menos después de un reporte publicado por Carlos Loret de Mola que, desde el gobierno federal, ponía en duda el legítimo uso de la fuerza por parte del gobierno.

Galindo sobrevivió en ambas circunstancias. Qué bien por él, qué mal por los policías, que pagaron el desprestigio de las fundadas sospechas.

México debe avanzar en la consolidación de un cuerpo policiaco de excelencia, como el que se supone que intentaba ser la Policía Federal.
Sin embargo, episodios como los del domingo ponen en entredicho tanto su capacidad como su probidad.

Con el tiempo, investigaciones ayudarán a deslindar responsabilidades. Pero la confianza en la Policía Federal ha quedado aún más lastimada después del domingo.

Lo increíble es que Galindo crea que decir que fueron emboscados apacigua las aguas. Si no, malo; ya se mostrará que mintieron, de nuevo. Si sí, malo también; qué intranquilidad que los puedan emboscar.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
El PRI y las protestas: “Me equivoqué en todo”
​Congresistas, no somos iguales
​Asaltos, epidemia que a nadie importa