Opinión

El cumpleaños priista

        
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EPN (Cuartoscuro)

El PRI cumplió 88 años. Se acerca a la edad que aparenta: 150. El evento de su festejo fue la confirmación de que en ese instituto la posibilidad del cambio es impensable. En lo que puede ser el peor momento de su historia, el priismo sigue igual. Hicieron un evento que bien podría haber sido en 1979. Todo en torno al presidente Peña Nieto, su líder máximo.

Se entiende que al presidente le echen porras en su casa. El festejo priista sirvió para ver que siguen igual, no pueden reinventarse. Un escenario en el que apretadísimos estaban cerca de 50 priistas (Jorge Ricardo, Reforma 5/03/17), que seguramente presionaron para estar en el presídium para destacar por encima de los demás, ese punto político que es para los priistas salir en la foto del evento, cerca del 'preciso', mezclado entre los mandamases del partido, los que deciden, los que han hecho historia en el priismo, los que lo han visto todo, los que nunca se han ido, los que van y vienen, los que saben aguantar, y como prueba ahí está Augusto Gómez Villanueva a sus 88 años, la edad de su partido. Ahí también el señor de los relojes, César Camacho y el locuaz y ocultador de narcos de Rubén Moreira. El evento sirvió para el regreso Claudia Ruiz Massieu, quien de esa manera es reivindicada por el maltrato público al que la sometió el todopoderoso Videgaray. Ahora ya dejaron el color rojo, ese es su cambio: ahora todos iban de traje y sin corbata como se estila en las grandes urbes, un toque de moda para sentirse modernos. Ya no el uniforme rojo del que hicieron gala varios años.

El discurso del presidente Peña fue, como siempre, malísimo. Nada de reconocer fallas sino de echarle la culpa a esa abstracción que es la adversidad, el autoaplauso por pagar “los costos políticos” necesarios para “salvar al país” y por supuesto culpar a los opositores de no estar preparados “para ser gobierno”. ¿Se creerán esas palabras en el propio PRI? El presidente, cuyo gobierno ha estado salpicado de mentira, ineficacia y corrupción de arriba a abajo, dice que no busca “el aplauso fácil”. Parece que la búsqueda del aplauso difícil le está saliendo muy cara al país. Por supuesto se hizo mención a esas características del priismo que son parte fundamental del ADN priista: la disciplina y la lealtad.

En el escenario hay siete gobernadores menos que el año pasado. Dos de sus exgobernadores son perseguidos –se supone– por el propio gobierno priista. El desprestigio de los priistas es enorme. Les pesa, pero tienen que festejar su aniversario porque muy probablemente para mediados de año restarán otras tres gubernaturas y el año que entra, con seguridad, abandonarán de nuevo la presidencia, institución que han dañado como pocos. Pero no hay tiempo en el priismo para el análisis o la reflexión, mejor aplaudirse entre ellos como siempre, mejor entregar la presea Plutarco Elías Calles a Manlio Fabio Beltrones Rivera por sus méritos revolucionarios. También entregaron la medalla Benito Juárez que, como se sabe, fue un distinguido priista, y la presea Luis Donaldo Colosio. Viven en otro planeta, me cae.

Twitter: @JuanIZavala

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