Opinión

El culebrón de la Ley de Aviación

 
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AICM terminal 2. (Archivo/Cuartoscuro)

Hoy en el Senado se discutirán los cambios a la Ley de Aviación Civil que podrían modificar sensiblemente el modelo de negocios bajo los que funciona la industria aérea. Por lo que se supo estos días —desde la iniciativa aprobada por la Cámara de Diputados—, hay de dos sopas para los pasajeros: o continuaremos con demoras y con ciertos abusos por parte de las aerolíneas —como la sobreventa de boletos— o tendremos boletos mucho más caros si todo esto se regula en exceso.

Los pasajeros estamos atrapados. En lenguaje soez podría decirse: o te jodes por ‘A’, o te jodes por ‘B’, pero de que te jodes, te jodes. Los senadores tienen en sus manos una tarea muy relevante: calibrar prudentemente cuál es el grado de regulación que debe aplicar a las aerolíneas para que no se pasen de listas, y al mismo tiempo evitar que un cúmulo de nuevos requisitos impacte todo el modelo de negocio de estas empresas, porque si lo hacen, nos lo reflejarán en el precio del boleto.

Hoy se libra ya una guerra frontal entre la industria del transporte aéreo y el Congreso. Es una pena que hayamos llegado a esto. Todo inició con los carteles que vimos en el AICM, en los que el Aeropuerto echaba la culpa a las aerolíneas de la gran mayoría de las demoras. A su vez, desde hace meses cada vez que uno se subía a un avión de Monterrey o Guadalajara hacia el AICM, la tripulación aprovechaba para decirnos que las demoras en el despegue se originaban porque desde la capital no les permitían despegar a los pilotos. Un verdadero culebrón, que hoy podría tener una ‘solución’, pero mucho peor: mucha regulación que impactará en el precio del boleto.

Ayer la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) dijo que lo que están a punto de aprobar los senadores elevará notoriamente los precios, y “reducirá sus opciones tanto de destinos como de la variedad de tarifas y servicios que ahora dispone el público viajero”. ¿A qué se refiere? A que las aerolíneas tendrán que dar compensaciones a los pasajeros con retrasos incluso desde la primera hora (además de alimentos y bebidas); a que no podrán cobrar por ejemplo la primera maleta en vuelos hacia Estados Unidos o Canadá; y a que un retraso de cuatro horas se consideraría totalmente como vuelo cancelado.

La IATA pide a los senadores que aprueben algo que no les rompa todo el modelo de negocios. Es verdad, sin embargo, que los pasajeros hemos sufrido mucho en los últimos años —por culpa de quien sea—, y que ya se nos colmó la paciencia.

Ojalá el Legislativo garantice que los pasajeros seamos tratados con dignidad y respeto; y también que las aerolíneas mantengan unas finanzas sanas sin tener que recurrir a una sobrerregulación en el precio de los boletos.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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