Opinión

El cuento de hadas ha terminado

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Angélica de la Peña en EU. (Twitter)

Había una vez una actriz de telenovelas que era muy querida por su público. Y aunque no hace mucho tiempo de eso, esta historia ahora pertenece a un pasado muy remoto. Fue como si un cuento que quiso ser de hadas, por extraños giros de la política, se hubiera convertido en uno más bien de horror. En uno cuyas consecuencias pueden comprometer, aún más, la legitimidad de la actual Presidencia de la República.

Angélica Rivera es una self-made woman. Logró construir una exitosísima carrera en la televisión. Desde hace varios años, su nombre real es tan reconocido como el apodo del personaje de la última telenovela que protagonizó. Es, será para siempre, La Gaviota. Poco después de eso, en circunstancias de todos conocidas, se hizo novia del entonces gobernador Enrique Peña Nieto. Con tino narrativo, el mexiquense logró aún más notoriedad para la pareja cuando presentó al anterior Papa, en el mismísimo Vaticano, a la actriz como su prometida. ¿Pero vivieron felices para siempre?

Vino la campaña presidencial de 2012. Ella ganó para su esposo algunos votos al producir videos con su celular sobre cómo era la vida con Enrique, el candidato, en elecciones. El equipo que ha acompañado a Peña Nieto desde el Edomex supervisaba esos videos “artesanales”. Su éxito no fue casualidad. La historia de esta pareja, que algunos considerarían de ensueño, mostraba parte de sus bondades.

Sin embargo, algo de esta historia se torció a finales del año pasado, luego de que en noviembre la Unidad de Investigación de Carmen Aristegui publicara el reportaje sobre la “casa blanca”, una propiedad de ensueño para los Peña-Rivera.

Quien quiera que haya decidido que era ella quien debía afrontar el escándalo suscitado por la revelación de que un contratista de los gobiernos de Peña Nieto había construido y vendido ese inmueble, se equivocó de una manera grave.

En muy poco tiempo, la proclividad de Angélica Rivera y su hija Sofía a aparecer en revistas y a lucir ropa cara se ha vuelto un espinoso asunto, se ha convertido en un elefante en la sala cuya presencia ya no podemos obviar. Y si bien eso no comenzó el día en que Angélica Rivera subió a youtube un video donde fallidamente intentó dar por concluido el tema “casa blanca”, sí se puede decir que en esa fecha entre ella y la población se abrió una fisura, y que lo que un día fue popularidad se ha ido tornando en un agrio sentimiento en contra de ella y de su actuar.

Esta semana la televisora Telemundo dio a conocer imágenes de una visita de Rivera y sus hijas a exclusivas tiendas de Beverly Hills. Insuperable el juicio que de esa ida de shopping hizo Ángeles Mastretta el martes en su cuenta de twitter (@magamastretta). Pero yo quiero detenerme no en el video dado a conocer por Telemundo, sino en los comentarios que al respecto hicieron los presentadores de esa televisora.

Un programa de chismes que debería adorar a La Gaviota ahora la crucifica. El problema es que esas críticas no se quedarán en el ámbito de la farándula; esos duros, y hasta groseros, cuestionamientos terminan comprometiendo a la Presidencia de la República y, sin exagerar, a México.

La Gaviota, una actriz, perdió a su público. Pero al ser Angélica Rivera esposa de Peña Nieto, el presidente debe entender que esa materia no es propia de un culebrón, sino que le generará una crisis e impactará en la gobernabilidad.

Y esto, por desgracia, no pertenece al terreno de la fantasía.

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