Opinión

El “crecimiento mediocre”, marca sexenal

 
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Luis Videgaray, secretario de Hacienda (Cuartoscuro)

Una de las divisas de este gobierno es que si los problemas se ignoran en el discurso, entonces no existen. Sucede lo mismo en el discurso de Enrique Peña Nieto en la ONU que en los Criterios Generales de Política Económica 2016 (CGPE) que presentó Luis Videgaray el 8 de septiembre pasado.

Las razones, por ejemplo, de que las estimaciones de crecimiento hayan estado siempre por arriba de la realidad, se aluden escuetamente y, como ya es costumbre en estos casos, los recortes a la baja se atribuyen a factores externos.

Las causas internas ni siquiera se mencionan, aunque estén claramente enlistadas en los análisis de organismos que este gobierno suele seguir con atención. Pensemos, por ejemplo, que en el reporte de Competitividad Global al Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) de septiembre de 2014, el país retrocedió del puesto 55 al 61 debido a factores como la corrupción, las regulaciones fiscales, la burocracia ineficiente, el robo y el crimen. Y un elemento más que este gobierno se niega a ver: la extendida conflictividad social, sobre todo en el sur del país.

A las omisiones –naturalmente, deliberadas– hay que sumar la improvisación. Como se sabe, en su mensaje con motivo del Tercer Informe de Gobierno, Peña Nieto enlistó varios instrumentos financieros destinados a captar una mayor inversión privada (Certificados de Proyectos de Inversión, Fibra E y Bonos de Infraestructura Educativa). Sin embargo, en el documento entregado por la Secretaría de Hacienda no hay mayores detalles sobre tales instrumentos, con lo que queda la impresión de que fueron incorporados de última hora para empalmarlos con el discurso presidencial.

La información es también pobre en el tema de las finanzas públicas, que el documento aborda sólo en tres páginas, aunque la opinión pública merezca explicaciones sobre varios aspectos. Por ejemplo, se estima un precio de la mezcla petrolera mexicana de 50 dólares por barril (originalmente programado en 79) y se informa de la reducción de la plataforma petrolera de dos millones 400 mil a dos millones 262 mil de barriles. Estos datos explicarían la tremenda caída de los ingresos petroleros, que pasaron de representar 7.1 por ciento del PIB en 2014 a 4.6 por ciento este año. Pero según Hacienda, la causa es la reducción real de las tarifas eléctricas, que a su vez reflejan el menor costo de los combustibles para la generación. Esa explicación es a todas luces insuficiente.

Un comparativo de los ingresos petroleros observados de 2014 con los estimados en 2015 sería importante para tener clara la magnitud del problema fiscal generado por este desplome.

El regateo de datos hace pensar que se oculta información clave. Así, no se sabe cuánto costaron las coberturas petroleras en 2015, o bien si estos ingresos se reportan como inversión financiera o si dejaron de ser ingresos petroleros. En el colmo, al hablar de los riesgos fiscales sólo se mencionan posibles buenas noticias (un crecimiento mayor que incremente la recaudación), pero nada que explique por qué la autoridad ha fallado una y otra vez en sus estimaciones de crecimiento ni por qué la población no observa mejorías en su nivel de vida.

La SHCP estima que el PIB crecerá 2.4 por ciento en 2015 y 3.1 por ciento en 2016. Tales cifras dependerían del comportamiento de la economía estadounidense. Una posible alza de las tasas de interés y un Congreso de mayoría republicana (partidaria del recorte del gasto), no son elementos que la autoridad mexicana considere.

Por otro lado, siguen a la vista los factores que han orillado a los analistas a recalcular a la baja las expectativas de crecimiento. En 2013 desestimaron la desaceleración de la economía mexicana porque no previeron que con el nuevo gobierno el gasto fluiría de manera muy lenta y afectaría la inversión. La economía creció apenas 1.4 por ciento frente al 3.5 por ciento esperado en los CGPE. Al año siguiente, los expertos volvieron a revisar a la baja sus estimaciones porque no consideraron el efecto contractivo de la reforma fiscal y apostaron a un repunte de la economía que nunca llegó. Se recordará que Hacienda estimó en 3.9 por ciento el crecimiento, condicionado a la aprobación de las reformas estructurales. Las reformas se aprobaron pero el crecimiento llegó apenas a 2.1 por ciento.

Para este año, los CGPE estimaron 3.7 por ciento. La encuesta de expectativas del sector privado estima que será de 2.3 por ciento, lo que parece optimista.

No tenemos elementos para pensar que durante este gobierno se cumplan las estimaciones de crecimiento, sencillamente porque quienes lo encabezan quieren lograr con discursos lo que no consiguen con sus políticas. Prometieron que acabarían con el “crecimiento mediocre” y lo siguen prometiendo: para cuando su gobierno haya terminado.

Twitter: @Dolores_PL

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