Opinión

El corazón de las tinieblas políticas

 
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Trump. (Reuters)

Anoche vi una película de terror en Netflix. Algo en verdad escalofriante. Retrataba un mundo de pesadilla. Lo peor de todo es que ese mundo es verdadero. Una realidad donde imperan la calumnia y la difamación. Un mundo sucio y duro en el que quien engaña, gana. Un mundo donde “es mejor ser infame que nunca alcanzar la fama”, en el que “el odio es un motivador más poderoso que el amor”. Es el mundo de Roger Stone, el amigo, abogado y operador político de Donald Trump.

Dylan Bank, Daniel Dimadura y Morgan Pehme escribieron y dirigieron el documental Get me Roger Stone (Netflix, 2017). ¿Quién es Roger Stone? El príncipe de las tinieblas de la política. A los 20 años ya estaba involucrado en el escándalo del Watergate, que llevaría a Nixon a renunciar a la presidencia. Hoy muchos recuerdan de nuevo aquel episodio. Piensan que, como Nixon, Trump será obligado a renunciar. Algo bastante improbable. Nixon (alias Tricky Dick) renunció antes de enfrentar el juicio político en las Cámaras, que tenían mayoría demócrata. Actualmente las dos Cámaras están dominadas por los republicanos. Se necesitan dos tercios de la Cámara de Senadores para remover a Trump de su cargo, meta en extremo difícil.

Trump ha pasado una gran parte de su vida en tribunales, defendiéndose de todo tipo de demandas. Los que quieren verlo fuera de la presidencia no toman en cuenta, además, el factor Stone. Trump arrojará toneladas de lodo contra quienes lo acusan. Ya amenazó a James Comey con exhibirlo con grabaciones, y ese es sólo el principio. La especialidad de Stone es la calumnia. Él inventó, durante la campaña presidencial, la “enfermedad” de Hillary, él difundió que Bill Clinton había violado a 27 mujeres. Y antes, Stone fue quien promovió la infamia de que Obama era un musulmán encubierto y no había nacido en Estados Unidos sino en Kenia.

No importa que nada de lo que diga sea cierto, Trump-Stone lo usarán para destruir a sus enemigos. Trump crece con la presión. Es un peleador sucio. Quiere ganar sin importarle a quién destruya en el proceso. Ese es el estilo Stone. La filosofía Stone.

“Vivo una vida maquiavélica y soy un escéptico –dice sobre sí mismo Stone en el documental–. Tiendo a creer lo peor de la gente porque entiendo la naturaleza humana.” Se especializa en difundir teorías de la conspiración, falsifica documentos, filtra escándalos sexuales, anima el resentimiento racial y xenófobo.

Conoce como nadie la manera en que funcionan los medios, sabe que muy pocos se resisten a sumarse al escándalo. El cinismo es su sello distintivo. Antes de conocer el resultado de las elecciones de noviembre, declaró Stone: “Aun si Trump pierde, yo gano porque el estilo Stone se colocó en primer plano.” Su estilo: la rudeza, la calumnia, la furia, la total falta de corrección política. Stone ha impuesto su sello a la política norteamericana y quizás a la del resto del mundo. Sin modestia, afirma: “Estamos en la era Stone porque logré cambiar nuestra política, que ahora es dura y agresiva”.

Stone conoció a Trump hace 30 años. Los presentó el amigo y mentor de Trump, Roy Cohn, uno de los personajes más siniestros de la política estadounidense. Colaborador estrecho de Joseph MacCarthy durante la persecución anticomunista, Cohn dejó la política para hacer negocios como abogado defendiendo lo indefendible. Procedimiento que adoptó Stone, quien se dedicó a cabildear en Washington a favor de las más sanguinarias dictaduras. Stone es el creador del moderno y sórdido sistema de cabildeo. Luego de un escándalo sexual en el que se vio envuelto en los años noventa, Stone se alejó unos años de la vida política, a la cual volvió con nuevos bríos y mayor cinismo. Él fue el artífice del dudoso conteo de votos en Florida que le daría a Bush la victoria sobre Al Gore. Él fue el primero, en 1987, en intentar convencer a Trump de competir por la presidencia.

De Stone fue la idea de que Trump explotara la ira de los votantes en su campaña. En muchos aspectos Trump es una creación política de Stone. Él entiende mejor que muchos que la democracia es el proceso de atraer a la mayoría. Y Stone conoce a la perfección lo que la mayoría quiere. Dice: “¿Ustedes creen que los votantes, los que carecen de cultura, pueden diferenciar el entretenimiento de la política? La política es el negocio del espectáculo de la gente fea”.

Estamos, querámoslo o no, en la era Stone. Miren a su alrededor. Vean si no al candidato que inventó “la mafia del poder”. El que se vale de la teoría de la conspiración (el compló) para sacudirse sus errores. El que acusa sin pruebas. El que, como Trump, “tiene otros datos” (alternative facts). El atizador de la política del odio disfrazada de república amorosa. Vivimos, a no dudarlo, tiempos oscuros. Nos adentraremos, si no hacemos algo para evitarlo, en el corazón de las tinieblas.

Twitter:@Fernandogr

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