Opinión

El comportamiento cíclico del desempleo

Una de las maneras de observar como se encuentra la estructura productiva de una economía, es estudiar las características de algunos de sus mercados, como serían los mercados de materias primas, el financiero y el laboral. Al detectar la presencia de elementos o comportamientos extraños en estos mercados, es posible prevenir catástrofes, o cuellos de botella, así como instrumentar políticas para que el bienestar de la población no se vea afectado en las diferentes fases del ciclo económico. Entre un pico de un ciclo, o la parte más alta y un valle, o la parte más baja, se ubican diversas fases, que van desde una desaceleración, cuando del pico la economía se mueva hacia abajo y luego una depresión, cuando se más abajo que la tendencia de largo plazo y llegando al fondo inicia la fase de recuperación, para pasar a una de expansión cuando se rebasa la línea de tendencia de largo plazo.

En cada una de estas etapas las empresas experimentan efectos diferenciados, que tienen que ver con la baja en su producción y ventas, la baja en productividad, el aumento de costos de producción y posteriormente un aumento fuerte en la productividad, baja en los costos y una expansión fuerte en su producción y ventas. Dado que el factor trabajo ofrece sus servicios a las empresas en un mercado laboral, en donde es contratado bajo ciertas condiciones, es muy normal que las empresas ajusten sus plantillas dependiendo de las condiciones del ciclo que estén viviendo en un momento determinado. En la fase de desaceleración es muy probable que las empresas disminuyan sus plantillas, empezando por el personal menos productivo y el menos especializado, aunque llegadas las circunstancias, pueden despedir persona altamente productivo y especializado, aunque ahora es muy común hacer convenios con el personal para que disminuyan sus horas trabajadas y cobren menos, de manera de estar siempre a la mano para cuando venga la expansión y no tengan que pagar costos elevados para capacitar personal nuevo.

Al interior de los hogares se toman decisiones igualmente importantes en relación con las horas que se ofrecen de trabajo en el mercado, el consumo y la inversión en capital humano para el jefe de la familia, su cónyuge y los hijos. Podríamos esperar que en la parte más alta del ciclo, la oferta laboral de la familia sea exclusivamente el número de horas que el jefe de la familia está dispuesto a trabajar y que el se encargue de proporcionar un ingreso no laboral a los demás miembros para que se mantengan en la escuela o realicen otras actividades. La situación es exactamente la opuesta en la parte más baja del ciclo, cuando posiblemente el jefe no tenga trabajo o esté en horas reducidas y sean los demás miembros de la familia quienes abandonen todo tipo de actividades no laborales, dado que ya no disponen de ingreso no laboral y tengan que trabajar para complementar el gasto familiar.

Esto significa que a lo largo del ciclo deberíamos observar cambios importantes en la tasa de participación de la población en la fuerza de trabajo, según edad y sexo, así como cambios en la composición por edades de la población ocupada y en sus niveles de educación. En lo que respecta a los desocupados, deberíamos ver en las fases bajas del ciclo a muchos desocupados con ingresos muy bajos, baja productividad y bajo nivel educativo. El mercado laboral mexicano hoy en día tiene características que no dejan rechazar las hipótesis arriba planteadas, sólo como aseveraciones hasta ahora, aunque existen otros elementos que nos llevarían a decir que en el país ya llevamos muchos años en la parte baja del ciclo, aspecto que analizaremos en la próxima entrega.