Opinión

El cínico negocio del Partido del Trabajo

  
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Con agradecimiento a los doctores Juan Nader y Héctor Herrera Bello.

Inexplicablemente, como suelen ocurrir tantas cosas en el mundo político, la ciudadanía se tardó 23 años en darse cuenta que el PT no representa ideas, programas ni propósitos que no sean el enriquecimiento de sus dirigentes, seguidores y asociados. Apenas en estas fechas, la PGR ha detectado que cien millones de pesos, provenientes de las arcas públicas, van a las cuentas personales de la señora Guadalupe Rodríguez, esposa del líder nacional Alberto Anaya.

Es el mismo partido político auspiciado por Raúl Salinas de Gortari, que nació el 8 de diciembre de 1990 y que en 1991 sólo obtuvo 270 mil votos, sin llegar al 1.5% que fija la ley para conseguir el registro y, con ello, obtener recursos hasta hartarse. En una segunda ocasión, ya liquidado y decretada la pérdida del registro, y luego de obtener apenas 14 mil seis votos en la elección de Aguascalientes, algo se movió allá arriba para restituirle sus derechos. De esta manera, el perfil histórico de ese partido se ha vinculado al PRI, al PRD, a Morena, y sus motivaciones y valores se han manifestado a favor de cualquiera que convenga a su dirigencia. El cálculo mínimo de lo que ha recibido en sólo siete años para emprender y constituir un negocio supuestamente para apoyar a los niños en 72 centros de desarrollo infantil, es de 4 mil 634 millones de pesos. ¿Conoce usted una iniciativa relevante de ese partido; qué ley han instrumentado en beneficio de los trabajadores o de los mismos infantes a los que dicen querer apoyar?

Apenas
La PGR ha detectado que cien millones de pesos, provenientes de las arcas públicas, van a las cuentas personales de la esposa del líder del PT.


Ese largo e inservible instrumento político ha continuado y perfeccionado la lista de muchos otros partidos que también han gozado de beneficios para los cuadros que los regentean. Sirvan a manera de ejemplo algunos que en el pasado también fueron coronados con el éxito del registro:

Partido Social Demócrata; Partido Popular Socialista; Partido Mexicano de los Trabajadores; Partido Socialista Unificado de México; Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional; Partido Centro Democrático; Partido Liberal Mexicano; Partido Sociedad Nacionalista; Partido Democracia Social; Partido del Comité de Defensa Popular; Partido Humanista; Partido Nueva Alianza y, faltando más, podríamos ocuparnos también de algunos que existen en provincia: Alianza Ciudadana, en Tlaxcala; Campesino Popular, en Coahuila; Chiapas Unido; Conciencia Popular, en San Luis Potosí; Partido Duranguense; Pacto Social e integración, en Puebla; Renovación Social, en Oaxaca; Partido Social Demócrata, en Morelos… Detengámonos porque la lista puede ocupar todo el espacio de esta entrega.

Los nueve partidos nacionales que hoy tienen registro, todos sin excepción son un negocio. Comienzan con dietas, comisiones, bonos, aguinaldos, vacaciones pagadas, viajes, comidas y bebidas, atención médica de excelencia, pagos de celulares, asesores, auxiliares, ayudantes, secretarias y el tren de vida que no tienen sus similares de Inglaterra, Argentina o Noruega. A todo esto hay que agregar las gestiones y presiones que hacen en el presupuesto para beneficiar a sus regiones y supuestos representados. Por último, los obligados porcentajes en contratos y acuerdos comerciales.

El gran lucro
Lo que ha recibido el PT en siete años para emprender y constituir un negocio para apoyar a los niños, son 4 mil 634 millones de pesos.


No es gratuito el recelo con que los legisladores, sus partidos y en suma la clase política es vista; la crítica aguda que se les hace tiene elementos estructurales mucho más que coyunturales. El abuso del PT por cien millones de pesos es una migaja de lo que desaparece del gran presupuesto.

De facto, las impugnaciones se han convertido en cuestionamientos severos a la ordenación de una forma de vida en que las normas y valores que nos muestra la clase política, toda ella, revela el creciente desfase entre el espacio en que se ejerce la acción política y las realidades que pueden ofrecernos. Jamás se repetirá lo suficiente que el servicio público no es el monolitismo, sino simplemente la supremacía del interés general, la tolerancia, la coherencia y todo bajo el supremo principio de la libertad.

Más que nunca nos urge rescatar el sentido de democracia, antes que termine por exacerbar los ánimos de una mayoría a la que se le ha usado, abusado y enseñado que el cinismo y la impunidad pueden reinar sobre nosotros.

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