Opinión

El cielo un candidato
en cada hijo te dio

 
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Aurelio Nuño

En México dominan los tiempos electorales. Este año no harán evaluaciones de maestros por las elecciones estatales, el que viene tampoco porque se acerca 2018. Todos en el gabinete tienen algún nivel de aspiración presidencial que les impide hacer demasiado, cuidan más forma y apariencia, que fondo. Se dice que cualquier presidente municipal o diputado local tiene un camino claro en su cabeza para llegar a Los Pinos. Como alguna vez me dijo Luis Rubio, el Himno Nacional debería decir “… el cielo un candidato en cada hijo te dio”.

Si comparamos la carrera presidencial estadounidense con la mexicana, en la primera no hay un solo miembro del Poder Ejecutivo en la contienda. Hillary Clinton, la única que ocupó una secretaría, la dejó tres años antes de la elección. La función del Ejecutivo es desempeñar tareas concretas en áreas específicas: ejecutar. No se vale aprovechar el puesto como plataforma, pero mucho menos perder eficiencia en aras de una estrategia electoral. Tener secretarios que aspiran a la presidencia garantiza inmovilidad e invita a aparentar, a hacer como que se hace, sin agitar las aguas. Privilegiamos impacto, sobre estrategia.

Es por ello que el gobierno prefiere recortar gasto en inversión, pero está dispuesto a contratar deuda para mantener gasto corriente. Es difícil detonar inversión relevante que se vaya a inaugurar en este sexenio, pero sería políticamente complicado correr burócratas, aunque éstos no hagan nada. Sacrificamos el futuro por el presente.

Las aspiraciones presidenciales de medio gabinete generan rivalidades peligrosas.

Una posible fuente de inestabilidad en la segunda mitad del sexenio proviene de dos factores. Primero, de la posibilidad de que Aurelio Nuño se consolide como el 'delfín' del presidente Peña. Eso invitaría a que grupos del PRI diferentes al del Estado de México, el de Beltrones por ejemplo, busquen que no prospere una reforma educativa que sería la mejor carta de presentación del secretario. Segundo, que conforme parezca claro que tal vez será la elección presidencial que se gane con un menor porcentaje electoral, dada la dividida oposición, el PRI parezca ir en caballo de hacienda. Ahí los incentivos son para que partidos de oposición, particularmente Morena, busquen generar un entorno inestable.

El entorno en el que ocurrirán tanto la campaña presidencial como la elección son altamente inciertos. La enorme volatilidad de principios de año, tanto por la desaceleración china como por la caída en los precios de materias primas, y particularmente del petróleo, es un anticipo de lo que viene. ¿Qué pasaría si la burbuja crediticia china reventara justo en 2018?

Frecuentemente nos preguntamos por qué México no crece más, por qué no somos capaces de implementar reformas que fueron un logro legislativo, por qué el progreso es tan lento. Al menos parte de la explicación es porque el Poder Ejecutivo (incluyendo al gabinete) se anda con pies de plomo. Además de que sus miembros no están ahí por su mérito o capacidad, sino por su cercanía y amistad con el presidente.

Por eso, aun en casos de incompetencia extrema, mantienen el puesto. Los ejemplos, desafortunadamente, abundan.

Fuera de Banco de México, donde se hizo 'escuela' y diseñaron planes de carrera que han llevado a tecnócratas capaces a dirigirlo desde tiempos de Miguel Mancera, y quizá de una sucesión de economistas capaces en Hacienda, sólo puedo pensar en el caso de Julio Frenk como secretario de Salud de Fox como ejemplo de claro nombramiento por mérito. Lo usual es tener secretarios que ni idea tienen del tema, esperando 'aprendan' sobre la marcha.

Se han adoptado prácticas censurables. Para reportar mejores números en el combate a la pobreza, por ejemplo, se está haciendo un esfuerzo directo, aunque discreto, por presionar a comerciantes para que bajen los precios de alimentos en la canasta básica justo en los días en que Coneval saca la foto de ésta. Así, mágicamente crece el poder adquisitivo de la población más necesitada, y millones 'salen de la pobreza', aunque sea en la foto.

Tener secretarios con aspiraciones presidenciales es un pesadísimo lastre. Más allá de eso, es penosa la certeza que tenemos de que todo depende de quién será el presidente. Octavio Paz hacía alusión a la figura del presidente como tlatoani, como padre, patriarca; no logramos romper el mito. Los proyectos de inversión se detienen, nada se hace al principio o al final de sexenio. Haciendo una aseveración extrema, si Donald Trump fuera presidente de Estados Unidos, ese país seguiría emprendiendo igual, invirtiendo igual, innovando igual. En los números, la transición presidencial no pinta. Hay un Poder Legislativo funcional y una Suprema Corte que limitan al Ejecutivo, fuerzan a la rendición de cuentas. El gobierno sigue funcionando, además, porque hay un servicio civil sin sesgo partidista.

Pero en México, en 2016 el tema de la sucesión presidencial va cobrando fuerza. ¿Cómo podemos desarrollarnos si convertimos sexenios en trienios? ¿Cómo con un Ejecutivo ineficaz?

Twitter: @jorgesuarezv

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