Opinión

El chorrillo de López Obrador

 
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AMLO

Decía un empresario que si algo era bueno para General Motors, era bueno para Estados Unidos. De la misma manera, si algo le da chorrillo a Andrés Manuel López Obrador, es positivo para México. Y ahí está la adjudicación de campos petroleros en la segunda convocatoria de la llamada Ronda Uno. No sólo fueron colocados tres de los cinco campos ofrecidos, un éxito en la coyuntura petrolera actual, sino que fueron ganados por consorcios con capitales mexicanos y extranjeros, destacadamente de Estados Unidos e Italia.

Así, sigue la transformación del sector energético. Tarde, sin duda. La liberalización llegó por lo menos diez años tarde, y ojalá hubiera ocurrido hace 40 años, en el primer boom petrolero y durante la segunda mitad del sexenio echeverrista. Por desgracia, sucedió cuando la revolución shale (oferta) y la desaceleración de las economías emergentes (demanda) han llevado a un colapso de los precios. Pero en este caso se aplica lo de más vale tarde que nunca. Y la clave es que la liberalización energética se convierta en algo definitivo.

¿Algún político habla hoy de revertir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte? Entre los mexicanos, ninguno. Ya son más de 20 años de vigencia, y de éxito, que lo han hecho en algo impensable de repudiar. Sólo un autista económico, como Donald Trump, puede siquiera considerar abrogarlo. Pero nadie en el lado mexicano ha dado la bienvenida a la más reciente sandez del precandidato presidencial republicano.

Si algo hace a López Obrador arrojar espuma por la boca es la reforma energética (aparte de sus imaginarios fraudes electorales, claro). Eterno suspirante a ocupar la silla de Lázaro Cárdenas, debe sentir que el general se revuelca en su tumba ante cada entrada de capital privado nacional o (todavía peor) extranjero, en los campos mexicanos que el Tata michoacano nacionalizó. Las fantasías lopistas son inmunes a las realidades financieras. No es impensable verlo llegar a su cuartito de Palacio Nacional y proclamar casi de inmediato una nueva nacionalización petrolera, cueste lo que cueste y destruya la credibilidad que destruya. Uno lo puede imaginarse gritando: “al diablo con sus privatizaciones”.

Por ello el claro éxito de la segunda fase de Ronda Uno adquiere tanta relevancia. Marca en definitiva que incluso en un escenario adverso es factible encontrar capitales dispuestos a arriesgarse para explorar y extraer crudo mexicano. Afianza, además, el declive de Pemex. El otrora monopolio nacional queda crecientemente en evidencia como un gigante que hace mucho agoniza, y que un día (todavía lejano) habrá de ser una sombra de lo que fue. La transición será dolorosa para todos los mexicanos, que habrán de pagar el pato de su ineficiencia y complacencia con un sindicato que le chupa la sangre. Esto además de una Secretaría de Hacienda que le extrae impuestos (que se pagan en parte contrayendo deuda, un espejismo fiscal de pavor).

Se va avanzando en la irreversibilidad de la revolución energética. Y llegará el tiempo en que ni siquiera un anacronismo como lo es López Obrador pueda anularla.

Twitter: @econokafka

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