Opinión

‘El Chapo’ come
jamón Sabori

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bafar

Qué aciago resulta que las grandes noticias de inversión, progreso, empuje y creatividad quedan constantemente opacadas por sucesos adversos que rebasan toda nuestra imaginación. Ocurrió así en septiembre pasado, cuando a un mes de la promulgación de la reforma energética el caso Ayotzinapa lo nubló todo. Igualmente a finales de 2014, cuando atestiguábamos el punto de inflexión que catapultó al sector automotor, y que fue rápidamente ensombrecido por el escándalo de las casas. El Mexican Moment también fue muy fugaz, a pesar de que muchos tratamos de darle respiración asistida desde 2013.

Sucedió de nueva cuenta. La fuga de ‘El Chapo’ lo opacó todo. El propio presidente Peña lo reconoció el viernes, cuando originalmente debió ser un día de fiesta por el retorno del Ejecutivo de la exitosa gira a Francia, y por el anuncio de la mega inversión de Dlls. 650 millones para la expansión de Grupo Bafar en Michoacán –donde la empresa del jamón Sabori y Parma pondrá una central de cogeneración de energía y un complejo industrial–.

Prácticamente toda la gente de empresa con la que hablé la semana pasada se preocupó por cuál será la magnitud del efecto negativo en materia de inversión y crecimiento de la fantástica fuga. Imposible calcularlo, pero en el contexto de lo observado, no será fácil que la sociedad comparta las palabras del presidente cuando afirma que él sí tiene “la confianza plena que así como hubo el valor, el coraje y la determinación de nuestras Fuerzas Armadas y de las áreas de seguridad del orden federal para lograr su aprehensión el año pasado, de igual manera la vuelva a haber para lograr su reaprehensión”. ¿Qué proporción de la ciudadanía tiene hoy esa misma confianza?

Es profunda la crisis. Es infinitamente más probable que hoy existan muchos miles de jóvenes admirando más las habilidades de ‘El Chapo’ para fugarse, que la determinación de Eugenio Baeza para invertir en Michoacán y crear 12 mil empleos ahí. Una pena.

La fuga de ‘El Chapo’ significó el triunfo de la trampa. Es simbólica como pocas cosas. En una noche de sábado a domingo nos dimos cuenta de que vivimos en el imperio del chanchullo, en la monarquía de la ilegalidad. ¿Para qué invertir, pagar impuestos, cumplir con la ley… si desde las filas de las burocracias del gobierno se germinan los estándares de corrupción? Es icónica; no requiere muchas palabras.

Ojalá que el jamón Campestre, las salchichas rancheras Parma y las fajitas Guisy, tengan un gran mercado en México cuando grupo Bafar complete sus inversiones. Pero ojalá en el futuro ese mercado esté compuesto por mexicanos que crean que es posible materializar la fantasía del progreso formal, y no la del triunfo de la ignominia. Ojalá.

Twitter: @SOYCarlosMota
Correo: motacarlos100@gmail.com

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