Opinión

El cautiverio de Alfredo Guzmán

  
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kate

El cautiverio de personas poderosas y de sus familiares es una práctica muy antigua. En la Edad Media era uno de los mecanismos disponibles para negociar la paz o para garantizar el cumplimiento de acuerdos entre reinos y familias en continuo conflicto. Algunos reyes vivieron años en cautiverio, incluyendo a Ricardo I de Inglaterra, también conocido como Ricardo Corazón de León. Aunque la captura en batalla era la norma, también era frecuente que los reinos accedieran –de forma más o menos voluntaria– a entregar a miembros de su nobleza como colateral.

El cautiverio de jefes de Estado y sus familiares cayó en desuso con el surgimiento del Estado Nación moderno. Sin embargo, la práctica ha persistido hasta nuestros días a una escala menor, particularmente entre organizaciones de corte criminal. Las familias de los capos en prisión, sobre todo de aquéllos que poseen información relevante, son un blanco natural. Por ejemplo, en febrero pasado fue secuestrada la familia de Carlos Hugo García, alias Chocolate, jefe de uno de los grupos de sicarios más importantes de Cali, Colombia. Una línea de investigación señala que el motivo del secuestro fue presionar a Chocolate, quien fue detenido y extraditado a Estados Unidos en julio de 2012, para que no inculpara a sus cómplices a cambio de una reducción de sentencia.

El misterioso secuestro de Alfredo Guzmán Salazar, hijo de El Chapo, inevitablemente genera interrogantes sobre un inminente conflicto entre las organizaciones criminales más poderosas del país. En Guadalajara se rumoraba el viernes pasado la aparición de mantas en las que se advertía a la población de no salir a la calle después de las nueve de la noche, ante supuestos ajustes de cuentas por el secuestro de Alfredillo. El gobierno de Jalisco desmintió estos rumores y el fin de semana transcurrió en relativa tranquilidad. Otros reportes señalan que Guzmán Salazar ya fue liberado. Sin embargo, hasta la entrega de este artículo esto no ha sido confirmado oficialmente, y continúa la preocupación sobre las posibles repercusiones del plagio.

Es todavía temprano para lanzar conclusiones. Son muchos los actores que podrían estar involucrados en el secuestro de Guzmán Salazar. Está el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) –como señaló el fiscal general de Jalisco, Eduardo Almaguer. El CJNG es un rival natural del Cártel de Sinaloa, pues ambas organizaciones compiten por las mismas rutas para el trasiego de droga en el occidente del país. Sin embargo, no podemos descartar a otros grupos criminales o a facciones del propio Cártel de Sinaloa.

A diferencia de lo que ocurrió en el Penal del Altiplano, el actual encarcelamiento en el Penal Federal de Ciudad Juárez (donde El Chapo es vigilado por 75 agentes y los custodios tienen prohibido dirigirle la palabra) ha significado que Guzmán Loera pierda control efectivo sobre el Cártel de Sinaloa. En este contexto, resultaría plausible que otros líderes del Cártel de Sinaloa, en particular El Mayo Zambada, buscaran hacerse del control de la organización y vieran como rivales a los hijos de El Chapo. A esta hipótesis abona la relativa facilidad con la que se llevó a cabo el secuestro, lo que sugiere que quien lo planeó tenía acceso a información privilegiada, o incluso contó con la complicidad de alguien dentro del círculo cercano de Guzmán Salazar.

Sin embargo, la hipótesis que me resulta más convincente es que el secuestro de Alfredo Guzmán no fue producto de una mera rivalidad criminalidad o de la competencia por el liderazgo en el Cártel de Sinaloa. No hay que olvidar que El Chapo fue durante dos décadas el narcotraficante más influyente del país, y que hoy se encuentra en la antesala de la extradición. Por sus actividades, Guzmán Loera cuenta necesariamente con información altamente sensible, tanto sobre la logística del tráfico de droga, como sobre los operadores, empresarios y autoridades que han colaborado con su organización a lo largo de los años.

Actualmente la defensa de El Chapo –que en mayo pasado logró frenar temporalmente la extradición de su cliente al presentar dos amparos– se encuentra en negociaciones con autoridades norteamericanas. Es probable que en el contexto de dichas negociaciones El Chapo haya revelado información que afectó a un rival o un antiguo socio o que, ante la simple suspicacia, las personas que temen a las revelaciones de Guzmán Loera hayan buscado una forma de intimidarlo. En este sentido, si Alfredillo y su comitiva efectivamente fueron liberados, su breve cautiverio puede interpretarse como una advertencia, seguramente acompañada de un mensaje para Guzmán Loera.

Es sensato que el gobierno federal y los gobiernos de Jalisco, Sinaloa y otras entidades tomen precauciones ante un posible conflicto entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa, o una nueva escisión de este último. Los conflictos de este tipo han sido la causa de las recurrentes crisis de violencia e inseguridad que el país ha padecido desde 2008. Sin embargo, todavía sabemos muy poco de las razones del misterioso secuestro de Puerto Vallarta. Si el secuestro dio lugar a una negociación exitosa, es muy probable que nunca las conozcamos.



Twitter: @laloguerrero

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