Opinión

El candidato siberiano

     
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El gobierno de Trump pretende gravar las remesas para financiar un muro entre EU y México.

Si alguien hubiese escrito una novela describiendo lo que ha ocurrido en Estados Unidos en los últimos meses, la habrían rechazado múltiples editoriales por exceso de imaginación. En pocas palabras, se trata de un empresario inescrupuloso, pero muy vanidoso, que después de un par de fracasos matrimoniales y de negocios acaba convertido en un conductor de televisión, para un programa marginal del estilo reality show. El programa se convierte en un éxito, y el empresario-conductor se convence de que no hay nadie mejor calificado que él para ser presidente de Estados Unidos. Se lanza por la candidatura del Partido Republicano (a pesar de haber sido demócrata más de dos décadas), y gracias a su habilidad televisiva para el escándalo y a la incapacidad de sus contendientes, va escalando peldaños.

Su contendiente demócrata, en cambio, tiene que enfrentar continuos escándalos provenientes de las redes sociales, especialmente de algo llamado Wikileaks, que aunque muchos asocian con los servicios de inteligencia rusos, mantienen cierta credibilidad. El desgaste de los escándalos va minando la popularidad de la candidata, que no logra imponerse al republicano en los debates. No es sorpresa que en esos debates el candidato regrese, una y otra vez, a los temas escabrosos de Wikileaks.

En el camino, el candidato, que llamaremos siberiano, se va enfrentando con los servicios de inteligencia estadounidenses, que han recibido información de sus posibles nexos con la inteligencia rusa. Pocos días antes de la elección presidencial, una última filtración, desde el FBI, da el golpe definitivo a la candidata demócrata, que a pesar de obtener más votos resulta derrotada en el Colegio Electoral.

Pero las huellas de la relación rusa son abundantes, y los agravios a la comunidad también, de forma que empiezan a aparecer datos públicos que ponen en duda al candidato siberiano, ya convertido en presidente. Su consejero de seguridad nacional trabajó para los rusos, y cobró por ello; su yerno hizo algo similar; su abogado general mantuvo contacto con los rusos, a pesar de haberlo negado bajo juramento frente al Senado; el candidato siberiano se entera de que había sido vigilado desde meses antes, gracias a una orden judicial otorgada a los servicios de inteligencia. Pierde la razón y atribuye el hecho a su antecesor, que quiere que sea investigado.

Entretanto, van muriendo funcionarios rusos de alto nivel que mantuvieron contacto con el candidato siberiano, con sus gentes cercanas, o incluso con el espía retirado que hizo el primer reporte sobre él, ése que detonó las preocupaciones iniciales de la comunidad de inteligencia. Todos estos funcionarios, ocho en total, mueren sorpresivamente. Según reportes iniciales, la mayoría muere de un ataque al corazón o una enfermedad súbita. Algunos de los casos fueron retenidos para investigaciones más profundas, aún sin conclusión.

El gran éxito del candidato siberiano había sido su retórica inflamada, acusando a todo el mundo de abusar de Estados Unidos, y su oferta de revertir el proceso cerrando fronteras al intercambio de personas y bienes, para hacer América grande otra vez. A cincuenta días del inicio de su gobierno, nada de lo ofrecido se ha podido concretar. Lo que se intentó fue un fracaso, como ocurrió con la cancelación de visas a ciertos países. Pero la mayoría de las promesas no es que no se intenten cumplir, es que no se tiene idea alguna de cómo hacerlo.

El director del FBI, el que filtró el mensaje que destruyó la candidatura demócrata, aparece de pronto solicitando al Departamento de Justicia que haga caso omiso de la solicitud del presidente, el candidato siberiano, de investigar a su predecesor, porque no hay evidencia alguna que la sustente. Termina aquí la primera temporada.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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