Opinión

El canciller Meade está viendo y no ve

En la vigésima sexta reunión anual de embajadores y cónsules, el canciller José Antonio Meade pidió ayer a nuestros diplomáticos difundir los logros de México. Menuda tarea la que les ha encomendado. Se antoja casi una misión imposible. Repaso mentalmente el 2014 y no hallo nada destacable qué poner en la lista de “logros”. A menos de que consideremos un logro que las cosas no hayan salido peor. Pero en fin. En cambio, los casos ocurridos el año pasado que representan algún tipo de retroceso surgen como en cascada.

Cuando en unos días más vuelvan a sus representaciones diplomáticas, estos funcionarios tendrán que hacer malabares para –en un intento por enfocarse en “los logros”— lanzarse a explicar que esos hipotéticos avances se dieron al tiempo de que el país se sumía en escándalos de violencia, ineficacia y corrupción.

Porque los diplomáticos también deberán hablar, a nombre de los mexicanos, sobre cómo fue posible que desaparecieran 43 estudiantes en Iguala; quiénes fueron, cuál fue el móvil y quién ha sido detenido por la muerte del diputado Gómez Michel en Jalisco (y de tantos funcionarios y exfuncioarios locales asesinados en 2014); por qué fue levantado el año pasado el reportero Goyo Jiménez y cómo es que de nueva cuenta, ya en 2015, un periodista está desaparecido en ese mismo estado, Veracruz.

Los embajadores y los cónsules habrán de explicar cómo es que si la Federación está a cargo de Michoacán, hubo ahí en diciembre un enfrentamiento entre las fuerzas rurales apadrinadas por el gobierno que costó la vida de 11, cómo fue exactamente que salió mal “el desalojo” el martes de la presidencia municipal de Apatzingán, donde murieron nueve personas.

Qué van a decir de que en noviembre un sacerdote ugandés fue encontrado en las narcofosas de Guerrero y de que semanas después otro clérigo fue levantado y asesinado, incluso cuando el mundo ya tenía los ojos puestos en nuestro país por el caso Iguala.

Qué argumentos inventarán para hacer comprensible el hecho de que miembros del Ejército Mexicano ajusticiaron a presuntos delincuentes que estaban ya sometidos en Tlatlaya, Estado de México. Y para explicar que tal barbaridad fue cobijada por el gobernador de esa entidad y que ese gobernador sigue en su puesto.

Qué dirán de que a pesar de que el gobierno federal tiene el control formal de Tamaulipas, hay reportes de que los secuestros ahí han aumentado en 28 por ciento.

Qué cara pondrán para hablar de los dos defensores de migrantes asesinados en noviembre en el Estado de México.

Pero, concedamos, que México es más que la agenda de la violencia. Sería interesante saber lo que dirán nuestros embajadores de que el Conaculta no le paga a los artistas, de que el Congreso detuvo en diciembre la posibilidad de crear un sistema nacional anticorrupción, de que no tuvimos un papel en la mayor operación diplomática en décadas: el acercamiento entre Washington y La Habana.

Sería buenísimo saber cómo van a explicar que las casas de Higa de la esposa del presidente y de su secretario de Hacienda no constituyen ningún conflicto de interés.

Buenísimo saber cómo argumentan que esa “ausencia del conflicto de interés” fue la causa de que se cancelara una multimillonaria concesión para el tren del Distrito Federal a Querétaro.

Sin minimizar nada de lo aquí expuesto, creo que la mayor dificultad de nuestros diplomáticos residirá en tratar de convencer al mundo de que es seguro venir a invertir en México, argumentar que no nos hemos convertido en una república bananera, en un país donde no hay seguridad jurídica, en donde la corrupción está bien vista, en donde nadie ve conflictos de interés si los contratistas del gobierno venden mansiones a crédito para familias de altos funcionarios.

Pero estamos arrancando el año. Cerremos esta entrega con sugerencias de cosas buenas que quizá el cuerpo diplomático sí pueda presumir. Enrique Olvera abrió un restaurante en Nueva York. Ya casi está lista la reconstrucción de Los Cabos. Los vinos de Ensenada no dejan de mejorar. A pesar de todo, la Riviera Maya no ha sucumbido a la sobreexplotación a la que la hemos sometido. Yucatán es un oasis. Y hay un nuevo vuelo directo a Palenque desde la ciudad de México.

Y por más que le doy vueltas, poco más hay de presumible hoy como logros. Es más, ya ni los spots de Los Pinos son lo que eran.

Twitter: @SalCamarena