Opinión

El Canario Temerario: Unos días con los Coppola

10 febrero 2014 4:58 Última actualización 19 julio 2013 5:22

 
 
Jaime Avilés
 
Caminando por el Eje Central hacia la Torre Latino, menos de una cuadra después de Fray Servando, me topé con la esposa de Francis Ford Coppola. Estaba en un amplio espacio habilitado como depósito de libros que no probaron las mieles del éxito y que usted bien puede comprar a cambio de unos cuantos pesos. Yo, por ejemplo, no pagué ni 200 y salí con seis títulos.
 

Entre ellos elegí Notas sobre una vida, suma de diarios íntimos de Eleanor Neil, que nació en Los Ángeles en 1936 y trabajaba como diseñadora independiente cuando en los años sesenta fue invitada a participar en una película de bajo presupuesto dirigida por Francis Ford. Obvio: en ese rodaje se enamoraron. Al volver a Estados Unidos ella salió con su domingo siete y le dijo al neonovio:
 

—Oh, mi Dios, ¿qué voy a hacer?
 
 
—¡Voy a ser padre! ¡Siempre quise tener una familia! —respondió Francis y se casaron a los ocho días.
 
 
Así nació Gian-Carlo Coppola, que moriría muy pronto. En segundo lugar vino al mundo Roman (dos cines del Distrito Federal proyectaron en mayo su cinta Un vistazo a la mente de Charly Swam III, divertido y tonto homenaje al ego de Charlie Sheen) y finalmente llegó Sofía Carmina.
 
 
Me resultó muy entretenida la biografía de la madre de estos muchachos y consorte del creador de Apocalipsis Now, la trilogía de El Padrino y Drácula. A la par que narra el ascenso profesional de su marido, los apuros económicos de los años en que hipotecó su hogar en San Francisco para filmar la saga de los Corleone y el deslumbrante éxito artístico y financiero que lo convertiría en un magnate con casas en medio mundo y avión propio, Eleanor da cuenta de sus tediosas actividades domésticas y se pregunta si debe vivir para agradecer día a día el privilegio de ser esposa de alguien que le ha dado todos los lujos imaginables y mostrado las más recónditas bellezas del planeta, en general inaccesibles para el común de los terrícolas.
 
 
Nada de eso. Ella reivindica el valor de su propia creatividad y de sus trabajos con las tintas y las tijeras en ese apartado estudio de su mansión campestre de 30 habitaciones a las afueras de San Francisco, y por momentos, faltaba más, se queja de la neurosis de su cónyuge, y de los coqueteos o romances que le sospecha con alguna que otra diva, pero también da pistas de cómo prepara sus películas.
 
 

Para escribir un guión, Coppola se encierra en un casino de Reno, Nevada, “porque puede estar de pie toda la noche y llamar al servicio a cuartos las 24 horas del día, y cuando se fastidia puede bajar y encontrar gente para hablar y distraerse”. Ya hacia el final de su libro, la autora destaca especialmente el triunfo de su hija Sofía con Lost in Translation (aquí se llamó Perdidos en Tokio) y siembra una ponzoñosa duda.
 
 

Eleanor cuenta cómo su bebé concibió ese guión pensando en el actor Bill Murray, que se le escondió dos años porque no quería trabajar con ella. También proporciona montón de detalles sobre la filmación, la posproducción, el estreno, las favorables reacciones de la prensa, las nominaciones a todos los premios gordos y demás. Sin embargo, nunca menciona a Scarlett Johansson, que no obtuvo el Oscar pero se llevó buenos trofeos como antagonista de Murray. ¿Encontraremos la clave que nos permita dilucidar tal misterio en The Bling Ring, la nueva película de Sofía que está por estrenarse? Quién sabe, pero si les interesa leer este apetitoso libro publicado por Circe, salgan a caminar por el Eje Central (del lado izquierdo). Debe haber aún muchos ejemplares.