Opinión

El Canario Temerario: Héroes vs monstruos

10 febrero 2014 4:50 Última actualización 26 julio 2013 5:42

 
 
Jaime Avilés
 
Los estudios Lionsgate (una productora canadiense de cine y televisión) acaban de lanzar una película de bajo presupuesto que toca en el corazón uno de los temas que podrían cambiar la historia del mundo en el corto plazo. Me refiero a Love & Honor, opera prima del joven actor Danny Mooney, ambientada en los años setenta y la guerra de Vietnam, que evoca las hazañas que hoy por hoy están protagonizando en la vida real el soldado Bradley Manning y el ex analista de la CIA, Edward Snowden.
 

En la cinta —estrenada sin publicidad en Estados Unidos en marzo, pero que ya se consigue en Internet y en puestos callejeros—, un miembro del ejército del Tío Sam, que combate contra los hombres de Ho Chi Min, recibe una carta de su novia, con la que ha hecho grandes planes para el futuro, pero que de repente lo corta. El pobre no acepta la decisión de su otra mitad y, aprovechando que le conceden una semana de vacaciones en algún polo de turismo sexual cercano a Vietnam, vuelve a su casa para hablar con la ingrata, pero su mejor amigo, en el último minuto, lo acompaña.
 
Ambos saben que si, vencido el plazo que les concedieron para descansar, no regresan al frente serán declarados desertores. Pero en cuanto pisan su suelo patrio y perciben el rechazo de jóvenes de su edad que los tachan de 'asesinos' y 'mata-niños', sufren una metamorfosis instantánea. El que perdió al amor de su vida descubre que ella se ha convertido en una combativa militante pacifista, que no sólo se opone a Nixon y Kissinger sino además ha leído a Wilhem Reich y practica el amor libre.
 

Para insertarse en ese grupo y lograr sus propósitos, ambos se declaran 'desertores' y poco a poco irán advirtiendo la responsabilidad que implica ir en contra del gobierno más poderoso del mundo. Cuando el espectador llega a esta zona del relato ya no puede dejar de pensar en Brad Manning y sobre todo en Ed Snowden.
 
Dos semanas atrás comenzó en el Fuerte Meade el juicio contra Manning. Su defensa presentó uno de los videos que el joven filtró a Julian Assange (el australiano asilado en la embajada de Ecuador en Londres) para que éste lo divulgara a través de la agencia Wikileaks. La grabación de las imágenes, captadas desde un helicóptero, muestra el ataque mortal que sufren en Bagdad los pasajeros de una camioneta (entre ellos dos niños) al tratar de rescatar a un compañero herido en la calle y ser ametrallados y asesinados como cucarachas.
 
Al igual que Snowden (que esta semana cumplió un mes varado sin pasaporte en uno de los cinco aeropuertoa de Moscú), Manning alega que el mundo debe conocer las atrocidades que cometen los hombres y mujeres del Pentágono y la Casa Blanca en contra de inocentes. La gran desventaja de Manning, ante la moralina del pueblo al que pertenece, es que antes de ser arrestado como cómplice de Assange estaba gestionando una cirugía para transformarse en mujer, porque así lo desea su mente y lo demanda su cuerpo. Es un rebelde transgénero.
 
Snowden, en cambio, se autodefine como un privilegiado que “tenía un hogar en el Paraíso” y ahora es un paria y sabe que, tarde o temprano, la CIA lo matará, pero ha dicho que asumió el riesgo porque no está dispuesto a vivir en un mundo en donde todo lo que haga y diga cada ser humano en la Tierra sea espiado por Obama. Para que la historia de nuestro tiempo dé un vuelco justo y necesario, sólo cabe esperar a que el ejemplo de estos muchachos cunda como ocurrió en los años setenta.