Opinión

El camino largo para eliminar 'pluris'

Este mediodía el presidente del PRI, César Camacho Quiroz, acudirá al Senado para entregar, según sus datos, más de cinco millones de firmas de ciudadanos que respaldan la consulta popular para la reducción de 100 –de 200– diputados plurinominales.

Pareciera que los partidos están en una competencia por ver quién acarrea –en el mejor sentido del verbo–, más firmas para su consulta.
El PRD dijo que llevó 2.5 millones de firmas para su consulta sobre la reforma energética; el PAN afirmó que llevó cuatro millones de firmas para su consulta sobre el aumento al salario mínimo y el PRI dice que entregará hoy, nada más cinco millones de firmas.

Al margen de esta demostración de músculo –el PRI demuestra que tiene más organización que el PAN y el PRD–, sigue quedando la duda jurídica de si la redacción del número de legisladores plurinominales es objeto o no de consulta popular.

Ya varios especialistas en la materia han dicho que no procede dicha consulta sobre el tema, porque se trataría de una modificación constitucional que está fuera de la práctica de ese ejercicio ciudadano.
En todo caso, si el PRI quiere en serio que para 2018 se reduzca el número de diputados –¿por qué sólo diputados y no también senadores? ¿Por qué sólo diputados federales y no también locales, que cuestan igual?–, lo más lógico es que fuera a partir de una iniciativa de ley que fuera aprobada por las dos terceras partes del Congreso.

Y así el PRI se habría ahorrado el gasto de recabar las firmas y sobre todo de las más de 600 mil copias que hoy serán entregadas al Senado.
De paso, también le ahorrarían al INE el costo del personal que se requiere –y por el cual el instituto está demandando capturistas al por mayor–, que se requerirá para validar las firmas recibidas –recuerde que no una misma firma no puede repetirse en dos consultas.

Como quiera, al final de todo el show será la Suprema Corte de Justicia de la Nación la que determine si las tres consultas son constitucionales o no.

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Que al gobernador sonorense del PAN, Guillermo Padrés Elías, ya le dicen el “vegetariano’’: ve-jeta por aquí, ve-jeta por allá.

Y es que el mandatario de Sonora no sólo tiene que lidiar con el derrame de químicos en los ríos Bacanuchi y Sonora, sino con su propio “derrame político’’ al descubrírsele una presa particular en un territorio que sufre por agua.

A eso súmele que se peleó con el gobierno federal; que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong le canceló una cita –porque no “había las garantías de un diálogo respetuoso”–, y que hoy tendrá la visita incómoda del procurador del Medio Ambiente, Guillermo Haro Bélchez, cuya destitución había solicitado en un desplegado.

Lo peor del caso para Padrés es que no se sabe bien a bien si su decisión de expulsar a los delegados federales de la Conagua, de la Profepa y la Semarnat, se debe a que lo balconearon por su presa o porque trata de favorecer a otros intereses.

El gobernador ha quedado fuera de las decisiones que ha tomado el gobierno federal, incluido el acuerdo con la empresa propiedad de Germán Larrea para la constitución de un fideicomiso por dos mil millones de pesos para la reparación del daño ambiental.

Por eso más vale que hoy el gobernador no desayune huevo y menos aguacate.

Twitter: @adriantrejo