Opinión

'El Bronco'

 
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'El Bronco' asegura que los regiomontanos pueden confiar en él. (Fabián García)

Algo nuevo está pasando en Monterrey, algo nuevo que puede tener repercusiones interesantes y serias, muy serias, en los procesos electorales de 2015, en la ya cercana fecha del 7 de junio, y en las presidenciales de 2018. Efectivamente, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, se lanza como candidato independiente para conquistar la gubernatura del estado de Nuevo León, y se encierra en una fiera batalla contra la candidata priista Ivonne Alvarez, quien suponía tener el camino pavimentado para arrebatarle al PAN la gubernatura que actualmente maneja.

Pretender ganar a través de una candidatura independiente es una hazaña que parece poco probable, dadas las condiciones que prevalecen en nuestro sistema electoral, particular, pero no exclusivamente. Por una parte, por la falta de recursos financieros que padecen los candidatos no partidistas, así como las bases y la clientela con los que sí cuentan quienes militan en algún partido. Pero El Bronco puede dar la sorpresa y abrir una puerta que hasta ahora ha estado cerrada, para efectos prácticos, a quienes han querido transitar hacia una gubernatura por este difícil camino.

Jaime Rodríguez Calderón tiene una larga experiencia como militante del PRI, militancia a la que renuncia para poder dar la batalla a la gubernatura de su estado y transitar, entonces, por el camino de un candidato independiente. Su popularidad ha sido grande y creciente y algunas encuestas, la del periódico Reforma, por ejemplo, lo sitúan por arriba, en estos momentos, de su rival Ivonne Alvarez. Otras, como la de El Universal, le dan ventaja a esta última. La lucha, pues, es cerrada y se decidirá el próximo 7 de junio.

No podemos sino alegrarnos por las cada vez más populares candidaturas independientes, ajenas a los intereses partidistas. Efectivamente, los partidos políticos, sin excepción –algunos más que otros– han caído en un creciente desprestigio particular, pero no exclusivamente, por los últimos y lamentables acontecimientos relacionados con corrupción y violencia en varios estados de la república. Recordemos los infortunados acontecimientos de Ayotzinapa y Apatzingán, en donde quedaron vergonzosamente involucrados tanto el PRD como el PRI, y el caso de los “moches” del PAN en Guanajuato, por señalar algunos casos de gran notoriedad y representatividad de la calidad moral de nuestros partidos.

¿Qué hacer? Fortalecer cada vez más una ciudadanía crítica y responsable que cuestione a los partidos políticos y saque a flote la mugre en la que algunos se desenvuelven. El caso del Partido Verde es de un cinismo que ofende, y entendamos que este partido no es sino un apéndice del Partido Revolucionario Institucional, quien ocupa la mayoría de los puestos públicos, incluyendo la presidencia de la República ¿Cómo contener la rabia de los ciudadanos al conocer los cuantiosos recursos que se otorgan a este partido cuyo proyecto político aún está por conocerse?

Al iniciar el siglo XXI conquistamos con enorme esfuerzo la democracia, una incipiente democracia que deja mucho que desear, pero al fin y al cabo la conquistamos, derrotando a la llamada “dictadura perfecta” que nos manejó durante la mayor parte del siglo XX. Nos toca ahora luchar por perfeccionar este nuevo sistema oponiéndonos con vigor a las prácticas antidemocráticas que aún subsisten en la realidad política del día con día. Una lucha larga, sin duda, pero que debe librarse en todas las oportunidades que se nos presenten. Los comicios del 7 de junio nos pondrán a prueba. Yo, como lo he anunciado anteriormente, concurriré a las urnas en la ciudad de México y emitiré mi voto en blanco como muestra de mi disgusto sobre el actuar de nuestra clase política.

Mañana será otro día.

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.

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