Opinión

'El Bronco' y la historia

 
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el bronco (Félix Vázquez)

Se coló a la historia nacional al convertirse en el primer gobernador independiente de México. Ya tiene un lugar. El reto ahora es ganarse el sitio y convertirse en un diferenciador político.

Si la premisa de los independientes como expresión ciudadana y política de hartazgo y rechazo a los partidos es real, entonces el proceder de Jaime Rodríguez El Bronco como gobernador en funciones de Nuevo León debiera ser substancialmente distinto.

No con actos populares y constructores de una imagen informal y sin protocolo, con declaraciones improvisadas, dichos de común circulación y un estilo franco que lo llevó a la victoria estatal. Este país ya tuvo como candidato, como gobernador y como presidente de la República a un lenguaraz ocurrente, boquiflojo y frívolo personaje que disfrutaba con las declaraciones sonoras y muy “viriles”, muy vendedoras y conquistadoras de votos, que después fue incapaz de concretar en acciones de gobierno, en decisiones eficaces y efectivas.

No crecimos al 7.0 por ciento, no se cumplió el “caiga quien caiga”, no se resolvió Chiapas en 15 minutos y tantas otras afirmaciones cautivadoras que atraparon la sedienta búsqueda del electorado.

La victoria de El Bronco en Nuevo León tiene mucho que ver con el descrédito y el desgaste del PAN y del PRI en esa entidad; tiene que ver con un electorado maduro, que ha probado la alternancia con resultados moderadamente insatisfactorios en unos casos y desastrosos en otros.

Sin duda la personalidad franca y “retadora” de Jaime Rodríguez construyó seguidores, electorado, simpatizantes, capitalizó el descontento y la extendida frustración. Sin embargo, es innegable el respaldo que obtuvo, desde muy temprano en su campaña, de importantes grupos mediáticos y empresariales. Sin ese apoyo, a Jaime no lo hubiera volteado a ver nadie con seriedad.

La suma de Fernando Elizondo y su prestigio personal conforman una mancuerna interesante y atractiva, que deja lecciones electorales en este país: uno carece del impacto y el carisma con el electorado, pero el otro está lejos de conquistar la exigente mirada del empresariado y los círculos económicos del estado.

Combinaron, se unieron y consiguieron una victoria casi en alianza. Muchos hacen votos en Nuevo León, para que Jaime permita trabajar a Fernando con eficiencia y dedicación.

Por ahora, mal inicia el gobierno con una cabalgata carente de significado, como vencedor de rodeo, cual triunfador de jaripeo.

Mal comienzo con un discurso que le dedica dos párrafos a su caballo; que no traza líneas de acción; que no transmite una idea clara de cómo enfrentar la crisis de un estado sobreendeudado.

Las amenazas de investigación y persecución de funcionarios serán para el nuevo gobernador su principal medidor de eficacia: una cosa es prometer como candidato y otra muy distinta cumplir como gobernante.

Existe ya un expediente abierto ante la PGR para investigar a Rodrigo Medina, gobernador saliente, a su padre y a su hermano como cabezas de una organización inmobiliaria que investigaciones del FBI en Estados Unidos calculan en más de mil propiedades, 12 empresas y una holding en las Islas Caimán.

Ahora no queda otra más que probar, en hechos, con expedientes y auditorías, si hubo uso indebido de funciones y un eventual desvío de recursos públicos, por lo menos. Si los hubo, que se proceda con transparencia, pero si no los hubo y no logran comprobar con evidencias –desafío nada sencillo– el nuevo gobernador estará atrapado en sus dichos y declaraciones sin rigor.

La historia puede tenerle reservado un lugar destacado a Jaime Rodríguez, un lugar aún más relevante, si demuestra con un gobierno probo, austero, a favor de la gente y del crecimiento de su estado, que se puede ser un buen funcionario sin el respaldo de un partido. Es una historia que aún está por escribirse; por lo pronto, cuenta con el beneficio de la duda, aunque las señales de arranque no apuntan a un ejercicio prudente, sensato, eficaz de gobierno.

La silla, el caballo, la cabalgata, las abanderadas, el discurso, dibujan a esos líderes amantes del aplauso popular, inclinados a complacer al graderío, más que a tomar las decisiones difíciles y con frecuencia impopulares. Ser gobernante, dejar de ser candidato, implica abandonar el concurso que ya ganó, para convertirse en un funcionario “ejemplar” como independiente. Esa es, don Jaime, la expectativa que Nuevo León, pero también el país, tienen de su gestión. No al ranchero irreverente por su franqueza, no al piporro del sombrero y el chaleco como una señal distorsionada de la autenticidad y la tradición mexicana.

Hacen falta profesionales comprometidos con la ciudadanía que entreguen buenos resultados. El futuro se construye sobre los hechos del presente.

Twitter: @LKourchenko

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