Opinión

'El Bronco', un AMLO con piel de cabrito

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El Bronco. (ilustración)

Tiene razón Felipe Calderón cuando dice que El Bronco, como AMLO, constituye un peligro para Nuevo León por su individualismo mesiánico.

Los salvadores individuales, por encima de las instituciones, no existen.

Salvo, claro, en regímenes dictatoriales o de caudillos, que por lo general terminan en el caos como Venezuela y Egipto, o Argentina que no ha salido de la crisis desde el caudillismo populista de Juan Domingo Perón.

El Bronco es López Obrador con piel de cabrito.

Es entendible que un sector de la población exprese su rechazo a la “partidocracia”, pues los resultados que han dado son insatisfactorios en seguridad pública y crecimiento económico.

Los políticos se cubren las espaldas unos a otros, no hay rendición de cuentas efectiva, los que la hacen no la pagan, abusan de los cargos públicos y viven como reyes sin haber trabajado para merecerlo.

Desde luego lo anterior es una generalización simplista, porque hay buenos elementos en las distintas formaciones partidarias. Pero esa tabla rasa de que todos son iguales nos la presentan los propios partidos en sus campañas electorales, con anuncios que los ponen a todos al nivel de la delincuencia organizada.

Lo anterior hay que corregirlo, pero eso no se consigue con la destrucción de lo existente. El malestar, sin embargo, tiene fundamentos, es entendible y la impaciencia también.

Ese es el contexto en el cual surgen fenómenos antisistémicos como El Bronco, con un discurso de ruptura que hace eco del sentimiento de una parte de la población que quiere “que se vayan todos”.

Pero El Bronco no vino de Marte, sino que es un cuadro formado en más de 30 años de militancia partidista, que gobernó como priista y ahora adopta un lenguaje de ruptura para ganar el respaldo de los enojados.

Como no se le cumplieron sus expectativas de poder dentro de su partido (igual que AMLO), entonces manda al diablo a las instituciones y apuesta a gobernar contra ellas.

¿Con qué Congreso gobernaría El Bronco? ¿Cuál sería su relación con la Federación, a la cual desprecia? ¿Su diálogo con los partidos, a los que aborrece? ¿Cuál es su equipo?

Los neoleoneses tienen mucho que perder con El Bronco. Nuevo León no es Oaxaca, sino la tercera entidad en términos de aportación al PIB nacional.

Si quieren jugar con un rupturista lo van a resentir en desarrollo económico, porque necesitan caminar del brazo de las instituciones.

Y les va a ir mal en seguridad pública, con un promotor de las autodefensas que se pueden entender en ciertas regiones de Michoacán, pero Nuevo León no juega en esa liga anárquica de la Tierra Caliente, sino en una superior.

Los salvadores individuales no existen. Salvo que se crea en las historias “de éxito” como la de Chávez en Venezuela. Es el riesgo de El Bronco.

Twitter: @PabloHiriart

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