Opinión

'El Bronco',
¿líder o merolico?

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El Bronco. (ilustración)

Jaime Rodríguez, El Bronco, va a tener que meter a la cárcel a su antecesor Rodrigo Medina, pues de lo contrario las expectativas que levantó se van a voltear en su contra.

Su elección, con casi 50 por ciento de los votos, galvanizó la irritación por lo que se cree fue un sexenio de saqueo a las arcas públicas y de atraco a los empresarios.

El Bronco, sin embargo, tendrá que probar que existió ese saqueo. La campaña terminó y las acusaciones no se podrán hacer sólo en los medios de comunicación y en redes sociales, sino ante un juez.

Terminó la fase de El Bronco contra los políticos. Ahora él es un político. Deberá entregar resultados y el primero de ellos será meter a la cárcel a Rodrigo Medina luego de haberle probado sus delitos.

En su toma de posesión, ante su antecesor, dijo que “la corrupción castigó nuestra casa”. Corrupción “sin llenadera, y el delirio de muchos que se creyeron virreyes y no gobernantes. Donde había dinero veían botín”.

Muy bien. Ahora deberá castigar a los corruptos sin llenadera y a los que vieron en las finanzas públicas un botín personal.

Lo debe hacer con pruebas en un juicio serio y no con filtraciones en el conglomerado mediático que le ayudó a ganar. Nada de que “eran ladrones pero no mensos”. A los que saquearon Nuevo León, cárcel.

La sociedad que él entusiasmó con la promesa de castigo a los bandidos, no debe ser engañada con linchamientos mediáticos, sino reconfortada con justicia. Con justicia real, sin fabricaciones ni juicios a mano alzada.

El otro flanco que despertó expectativas positivas en la campaña de El Bronco fue su repudio a los “gobernantes que se sienten virreyes” y su ofrecimiento de ser un gobernante-ciudadano. Nada de idolatrías.

Antes de tomar posesión del cargo mandó la silla del gobernador a un museo, con la leyenda: “Peligro, no sentarse. Esta silla enferma de poder y egolatría”. El mensaje es claro: será un ciudadano que gobierne con modestia.

Sin embargo ayer lunes, luego de su primer día de gobierno, pudimos leer en Reforma que la noche de su toma de protesta “comió quesadillas y tostadas rojas. Durmió menos de tres horas”. Por la mañana, dice el diario, desayunó “cinco tacos de barbacoa, aguacate y su salta matona. Café”.

Por alguna razón nos acordamos de las crónicas de lo que desayunaban o cenaban los presidentes previo a un Informe, en las épocas en que éste era deificado por los medios.

Narra el diario que El Bronco le encargó al artesano Francisco Charles una piedra de alabastro para su ejido, Pablillo, que dirá: “Aquí nació la segunda independencia de este país”.

Antes de salir a su primera actividad como gobernador (una cabalgata), El Bronco dice a quienes lo escuchaban: “Yo ya soy eterno. No es soberbia. Hice lo que nadie hizo, dije lo que nadie dijo, hago lo que nadie hace, y mírame: comiendo tacos de barbacoa con aguacate”.

La modestia ¿de veras va a ser su virtud? ¿Va a encarcelar a los corruptos, con la ley en la mano? Pronto lo sabremos.

Twitter: @PabloHiriart

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