Opinión

El boxeador Vitali Klitshko y la nueva revolución naranja


 
No fue la caída de la efigie de Sadam Husein en la plaza Firdos de Bagdad ––que a la postre resultó tan futil y manipulada–– durante la invasión estadounidense de 2003, pero el derribo de la estatua de Lenin en Kiev marca una escalada del conflicto entre los sectores proeuropeos y prorrusos que se disputan a Ucrania, el segundo país más grande por extensión territorial del viejo continente, pleno en recursos naturales y con una economía de 176 mil millones de dólares que no corresponde al potencial de sus 45 millones de habitantes.
 
Eso sí, la movilización consolida el liderazgo de Vitali Klitschko, campeón de los pesos pesados por el Consejo Mundial de Boxeo a sus 42 años y parlamentario por el partido Udar (punch, en términos pugilísticos), que parece hecho para la nueva “revolución naranja” contra el presidente Viktor Yanukovich por los intereses que buscan inclinar la balanza a favor de Bruselas, Washington y la Alianza Atlántica: Populista, rico, hermano de Wladimir, otro campeón del box, y casado con una exmodelo que ha empezado su carrera de cantante justo en la plaza Independencia donde ayer fue destruido el símbolo del viejo poder soviético.
 
 
Klitschko por sí mismo resume las contradicciones y el doble rostro de Ucrania: nacido en Kyrgizstán (Asia Central), en el seno de una familia militar soviética que iba de cuartel en cuartel, se asentó en Kiev hasta 1985 y también vivió en Alemania. Su ucraniano es bueno, pero matizado constantemente de palabras en ruso.
 
Segundo round
 
El Doctor Puño de Acero no era tan popular hasta los últimos días, detalla Los Angeles Times. Fracasó dos veces en los comicios a la alcaldía capitalina y en 2012 Udar fue el tercer lugar de la votación legislativa, aunque hoy supera a la encarcelada Yulia Tymoshenko en los sondeos. De no agravarse la crisis, sabe que su gran oportunidad llegará en las elecciones presidenciales de 2015.
 
 
En tanto, dos proyectos clave seguirán el estira y afloja por Ucrania: la UE, demasiado tacaña pero ansiosa por engullirla, y la Unión Económica Euroasiática, piedra angular del imperio que Vladimir Putin quiere recrear en el Kremlin.