Opinión

El bodrio perfecto

 
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Módulo especial dictadura perfecta. (Especial)

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se enteró de que los Arieles se han cocinado y salen del horno en los próximos días. La lectora y el lector lo saben: el Ariel es un premio que la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas instituyó desde 1946 para reconocer públicamente a los valores más destacados del cine nacional. Sí, el nombre se desprende del libro clásico de José Enrique Rodó. Gil jura por su madre que le gusta el cine, creció viendo historias mexicanas y se hizo adulto asistiendo a las salas cultas de los cines de la ciudad de México. En las credenciales de Gamés pueden verse las marcas de las grandes realizaciones de la nouvelle vague y en su infancia la educación sentimental de Ismael Rodríguez.

Bien: resulta que La dictadura perfecta ha obtenido diez nominaciones. ¡Diez!, sólo por debajo de Güeros, la opera prima del director mexicano Alonso Ruizpalacios que ha recibido 12 nominaciones. Una noche desprevenida, Gilga acometió la dictadura perfecta. El director Estrada es un caso raro: La ley de Herodes le pareció a Gamés más o menos interesante en su fuerza irónica y su vocación de tira cómica, como los Supermachos de Rius; Infierno, un filme (así escriben los críticos de cine como Gilga) de notable representación trágica, le gustó a Gamés, salvo por algunos personajes que hablan como articulistas de su periódico La Jornada. Escrito lo cual, Gamés pisó la trampa de oso de la ingenuidad y consideró que La dictadura perfecta sería una especie de evolución en la obra de Estrada. Error, La dictadura perfecta es una involución o, mejor dicho, un pozo oscuro.

Valiente crítica
Dirán la misa los críticos del sistema (que bien se siente escribir “críticos del sistema”), pero La dictadura perfecta es, como dicen los estudiosos franceses de la cinematografía, un bodrio, o un bofe, como decía la extinta madre de Gil cuando se topaba con algo o alguien insufrible. El pobre guión de la diez veces nominada cinta (así escriben los críticos) es una furibunda visión de un México infame en el cual una televisora, Televisa, con otro nombre apenas disimulado, todo lo domina, lo corrompe, lo compra con su dinero sucio. En la trama de la película (es un decir), un funcionario sin escrúpulos de la televisora maldita dice en algún momento de inspiración algo así como esto: “te dije que no pusiéramos a este güey”, refiriéndose a un presidente no tan vagamente parecido al presidente Peña Nieto.

Así las casas (muletilla patrocinada por Grupo Higa), los millones de mexicanos que votaron en 2012 aparecen como unos estúpidos, ingenuos, seres sin alma que acudieron a las casillas a hacer el ridículo pues dentro de la televisora se decidió, como todo mundo sabe, el nombre del nuevo presidente de la República. Gamés caminó por el amplísimo estudio y al llegar al muro sur, se dio un cabezazo de los fuertes: ¡soc!

El filme
El filme (ya quedamos en que así escriben los críticos serios) le trae un buen reparto: Damián Alcázar, Joaquín Cosío, María Rojo, Salvador Sánchez y otros actores y actrices de Televisa, ¡oh, no, Dios mío! Por cierto, esta feroz crítica del gobierno y sus corruptelas ha sido realizada con dinero que administra ese gobierno: Conaculta, Imcine, Fidecine, Eficine, el estado de Durango, el Fonca y la UNAM. Muy sencillo: paso a la ventanilla del estado cultural del gobierno de Peña, ahí me dan dinero, luego hago una crítica arrebatada de la mierda mexicana. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Dicen que La dictadura perfecta es una sátira política. Gil no se dio cuenta de la sátira; en cambio, pudo ver el panfleto político. En esta interesante trama, el presidente dice unas barbaridades ante el embajador de Estados Unidos en México. Para salvarnos de las aterradoras consecuencias, la televisora maldita decide reventar en el aire el caso de un gobernador corrupto que aparece en horario estelar recibiendo una maleta de dinero. ¡Dioses de la originalidad! ¡Bajen! Luego, unas gemelas son secuestradas y alrededor de ellas y su tragedia, la maldita televisora monta un gran show, con contratos de exclusividad y en fon.

Estas cosas pasan en los guiones cuando nadie lee una línea de nada, de ningún libro, de ninguna editorial del mundo. El cine como chantaje, ¿cuál cine? Agora mal (versión clásica): ¿diez nominaciones para semejante bodriazo? En el amplísimo estudio se oyó un lamentó: ¡ay, mis hijoos!

La máxima de Ettore Scola espetó dentro del ático de las frases célebres: “El cine es un espejo pintado”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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