Opinión

Microfranquicias del BID y Fundes para regiones mexicanas en pobreza

 
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Pobreza (Cuartoscuro)

El asunto tiene su encanto porque implica generar modelos que, de ofrecer un éxito en el tiempo, darían un paso sólido en el combate de la pobreza o pobreza extrema en México y respondería al reto de crear políticas públicas que fueran incluyentes en materia económica, como ya lo están haciendo en Bolivia y Guatemala.

Corre en México un programa “piloto” en su tercer y último año. Se trata de crear tres modelos de micro franquicias que pudieran ser “compradas” por poblaciones vulnerables por sus condiciones de pobreza o pobreza extrema, situación de desamparo o bien de desempleo.

Los resultados hasta ahora probatorios han ofrecido marcos de optimismo gracias, fundamentalmente, al trabajo sistemático y de excelencia de una joven mexicana, Silvia Mancilla, quien toma el asunto desde hace poco menos de un año para dar el tirón final a lo que en los dos años previos se había hecho.

Se trata de impactar a la base de la verdadera pirámide emprendedora. Llegar a comunidades que en el marco de pobreza cuentan con la inquietud de iniciar un negocio, que además de ser probado cuente con el soporte de una gran empresa, o el soporte de ejemplos exitosos de pequeñas o medianas empresas, o bien de proyectos de índole social que también ofrecen recompensa en lo económico.

El modelo más avanzado es aquel que deriva de un planteamiento de gran empresa. Y dentro de este grupo de modelos el ejemplo más exitoso es el de la empresa chilena Masisa que vende paneles de aglomerado de madera. Una firma de origen chilena que ha contado con un buen desempeño en México.

El asunto es así a grandes rasgos: el emprendedor “compra la franquicia” y la gran empresa se la vende y no sólo le da llave en mano sino que le capacita y provee de las herramientas tecnológicas que va a requerir. Además el proyecto le ofrece soporte o capacitación en materia de administración de un negocio.

Un cliente requiere de un librero o un mueble. Un representante, empresario dueño de la micro empresa, previamente capacitado, le visita y con la tecnología a la mano le ofrece dos o tres o más alternativas de diseño.

El cliente acepta el presupuesto; el empresario hace el pedido a Masisa que le manda la materia prima ya con cortes hechos y todo lo necesario para armar el producto solicitado por el cliente. El empresario luego arma y entrega el producto que un software ayudó a diseñar.

Usted puede llegar a creer que este asunto le beneficia a la gran empresa y tiene razón, pero también tiene beneficios el empresario habilitado como tal y el consumidor. La intención es que el primero se beneficie pero quienes más lo hagan son los segundos y terceros.

Un emprendedor improvisado en el terreno de la carpintería, por ejemplo, iría de un ingreso actual de cuatro a cinco mil pesos mensuales, a uno de entre 12 y 15 mil pesos.

Los modelos de microfranquicias en los que trabaja Fundes, apoyado por el BID, no deben tener un costo superior a los 50 mil pesos de los cuales el Inadem puede financiar 80 por ciento y Fundes está negociando que el 20 por ciento sea puesto por Fondeso CDMX o bien por la propia gran empresa.

El objetivo esencial es que se abata la pobreza, no que la gran empresa siga acumulando riquezas a costa de no hacer una “derrama social”.

Cinco modelos ya están desarrollados y Fundes acepta que cualquier gran empresa que quiera conformar un modelo de microfranquicia (social) pueda acercarse a ellos para que pueda ser considerado dentro del portafolios de alternativas de micro franquicias disponibles.

La Fundación para el Desarrollo Sustentable piensa hacer el lanzamiento de los modelos de micro franquicias sociales propiamente durante la Semana Nacional del Emprendedor.

Correo: direccion@universopyme.com.mx

Twitter: @ETORREBLANCAJ

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