Opinión

El barón de Munchausen

    
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Corrupción. (ciudadanosenred.com.mx)

El tema de la corrupción estará en el centro del debate en 2018. Y no es casual que así vaya a ser. Hemos pasado de los excesos del priato, que ahora parecen ‘moderados’, a la democratización y exacerbación del robo y el abuso. Los bienes públicos se han convertido en patrimonio de la clase política en su conjunto y la rendición de cuentas es inexistente. Todos, a todos los niveles y plena luz, roban lo que se puede.

Paralelamente, como causa relevante de esa epidemia, tenemos un sistema de impartición y procuración de justicia quebrado. Los grados de impunidad del crimen de poca monta, de los cárteles y de los políticos que roban a cielo abierto son altísimos, rondan o superan el 99 por ciento.

Casos emblemáticos de este sexenio muestran que no ha existido voluntad política para cambiar las cosas ni asumir como prioridad la construcción y fortalecimiento del Estado de derecho. Enumero: la maestra Gordillo permanece en prisión y no se le otorga la detención domiciliaria por razones estrictamente políticas; Fausto Vallejo y su hijo, Rodrigo Vallejo, se pasean libres mientras el Dr. Mireles permanece en prisión. Y, por si fuera poco, la PGR filtra información sobre los entornos de Josefina Vázquez Mota e incide en el proceso electoral del Estado de México.

Frente a esta realidad, AMLO se ha apoderado del discurso contra la corrupción y se presenta como el paladín de la honestidad. El único candidato capaz de erradicarla y llevar al país a nuevos grados de desarrollo y justicia. La solución que propone es muy simple: Yo, el supremo, limpiaré la casa y la reedificaré en la justicia y la transparencia. La propuesta es ingenua y simplista, pero ningún otro candidato ha asumido la denuncia ni el objetivo con tal claridad.

A ello se suma la imagen de López Obrador como un político antiestablishment. Para efectos electorales importa poco si la representación corresponde o no a la realidad. El hecho es que el malestar social, ampliamente generalizado, puede identificarse y desfogarse en ese discurso maniqueo: el líder bueno y honesto, capaz de barrer a la mafia del poder.

El gobierno federal, particularmente Peña Nieto, podría arrancarle, o cuando menos diputarle, la bandera si emprendiese una limpia radical. En el pasado fue una práctica que utilizaron los gobiernos priistas. Al inicio de cada sexenio se detenía y procesaba a funcionarios de la anterior administración como una muestra fehaciente de los nuevos tiempos y aires.

Pero no ha sido así ni parece posible que se pueda transitar por esta senda. Antes al contrario, los escándalos y los grados de complicidad, por acción u omisión, son cada vez mayores. El caso del fiscal de Nayarit no es aislado, confirma un patrón que se reproduce una y otra vez. Murillo Karam recibió denuncias que implicaban a los Abarca, un año antes de la desaparición de los 43, y no hizo absolutamente nada.

Así que esperar que el gobierno federal asuma ahora, al final del sexenio, la tarea de una limpia radical, implicaría suponer que goza de las habilidades del barón Munchausen, quien habiendo caído en un pantano se sacó a sí mismo de la inmundicia jalándose de los cabellos.

La realidad que estamos presenciado es exactamente la contraria. En el pantano de la corrupción no sólo chapotean los gobernadores priistas de nueva generación: Duarte, de Veracruz; Borge, de Quintana Roo y César Duarte, de Chihuahua, sino que el gobierno federal aparece como incompetente, por dejarlos escapar o, peor aún, como cómplice por omisión.

Es por eso que el impulso renovador sólo podrá venir de la oposición. Pero eso es más un deseo que una realidad. Porque la corrupción es un fenómeno que toca a toda la clase política. De allí que más vale que quien sea el candidato alternativo a López Obrador esté limpio y no tenga cola que le pisen, porque semejante talón de Aquiles le pesaría como una losa y lo hundiría definitivamente.

La corrupción no será el único eje de la contienda en 2018, pero sí uno de los principales, y más vale reconocer que en esa materia AMLO lleva la ventaja.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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