Opinión

El balance de los primeros 100 días de Peña


 
Este domingo cumple 100 días el gobierno de Enrique Peña Nieto. ¿Cuál es el balance que puede hacerse en esta primera etapa?
 
Le enlisto los elementos que, a mi juicio, son los que nos pueden permitir un juicio de este periodo de arranque:
 
1) El cambio de percepción. A mi juicio, el logro más importante del gobierno de Peña Nieto es haber cambiado la impresión que existe respecto al país. Un indicador que resulta más que elocuente es el porcentaje de quienes piensan que hoy es buen momento para invertir en México.
 
El sondeo realizado por el Banxico entre especialistas del sector privado revelaba, poco antes de las elecciones, que sólo 16% de los entrevistados consideraba que entonces era buen momento para invertir. La encuesta de los últimos días de febrero, dada a conocer el 1 de marzo, indica que ese porcentaje ya es de 53%, y ha subido mes con mes.
 
El entorno internacional no ha cambiado favorablemente. Quizás incluso se ha complicado. Así que la única explicación plausible es una mejoría dramática en la expectativa interna, como producto del triunfo, y luego de lo hecho en los primeros meses de la gestión de Peña Nieto.
 
2) Regresó la capacidad de operación del gobierno. En los primeros meses de la administración de Peña Nieto observamos una capacidad de operación del gobierno que no habíamos visto desde la época de Carlos Salinas de Gortari, entendiendo la capacidad de operación como la habilidad para concretar y hacer efectivos los propósitos de política pública.
 
El nuevo gobierno operó para concretar la reforma laboral, incluso en el sexenio de Felipe Calderón. Logró la firma del Pacto por México en su segundo día de mandato. Sacó adelante el Presupuesto de 2013, virtualmente sin oposición. Realizó la reforma constitucional en materia educativa y luego metió a la cárcel a Elba Esther Gordillo. Hizo una trascendente reforma de la Ley de Amparo.
 
Los gobiernos anteriores no hicieron eso en todo su sexenio.
 
3) Se han generado grandes expectativas respecto al país en los mercados internacionales. México se puso de moda nuevamente en los círculos del poder y del dinero en el mundo. Nuestro país -correcta o incorrectamente- fue caracterizado como 'la nueva China' por Thomas Friedman, lo que refleja el tipo de consideración que hoy se está haciendo en el exterior, lo que no ocurría desde los tiempos de Salinas de Gortari.
 
4) Se ha generado de nuevo una concentración del poder presidencial. Hay quienes ven este hecho como algo afortunado, luego de 3 sexenios en los que hubo una presidencia relativamente débil. Hay quienes, por el contrario, temen que éste sea el germen del regreso del presidencialismo autoritario, que vivimos en el país o, en el mejor de los casos, del 'ogro filantrópico' que describía Octavio Paz.
 
Una parte sustantiva de la crisis del viejo régimen derivó precisamente de esos tiempos y esas prácticas.
 
Otros piensan que las instituciones creadas en los últimos sexenios, que van desde un Poder Judicial autónomo hasta entidades como el Ifai -pese a su crisis-, van a ser contrapesos suficientes para impedir la restauración de ese esquema.
 
5) Hay todavía más expectativas que realidades. Aunque el actual gobierno ya ha tenido logros, los más importantes aún esperan. Entre ellos se encuentran las reformas a las telecomunicaciones, al sector energía y la reforma hacendaria.
 
Ninguna de ellas va a ser sencilla. Todas son complejas, tanto en su naturaleza como por los poderes fácticos que van a enfrentar.
 
Sin embargo, quizás lo que definirá si este sexenio será el de las reformas de fondo, va a ser en específico la reforma hacendaria. Ésa es la que va a definir el futuro de largo plazo de este gobierno.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx