Opinión

El arte de engañar

 
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[Cuaroscuro]  El ex alcalde de Villa Corona, Jalisco, fue detenido junto con su hijo.

Presidente del Consejo Ciudadano de la Ciudad de México.

Dicen que para sorprender es indispensable la colaboración del sorprendido. Aunque de manera recurrente nos consideramos una sociedad muy preocupada por nuestra seguridad y temerosa de la delincuencia, actuamos con más descuido y confianza de la que estamos dispuestos a aceptar.

Imagen uno: la mujer que ayuda con el servicio de la casa abre la puerta porque dos mujeres (ojo con esto) le aseguran que vienen del Sistema de Aguas de la Ciudad de México a verificar una instalación. Si miró por el monitor de las cámaras de seguridad –son varias las que están instaladas- pudo ver a las dos jóvenes con la gorra y el chaleco que aparentemente usan los representantes de servicios públicos. Cuando abre la puerta se da cuenta que no son dos, sino cuatro personas de uniforme las que ingresan. Los dos restantes son varones.

Imagen dos: como hay cámaras por todas partes (por la inseguridad) se observa que uno de los hombres trae una pistola y está observando qué se puede robar, mientras su cómplice hace lo mismo en otra parte del domicilio. Las dos mujeres distraen al personal de servicio, mientras la súbita anfitriona platica con mucha calma y detalle las razones por las que no se encuentran “los señores de la casa”.

Minutos después le sacan una pistola, la someten junto al resto y roban la casa. Huyen en una camioneta de costo medio alto.

Imagen tres: el hombre es abordado en el aeropuerto por el supuesto agente aduanal. Su camisa tipo polo dice claramente que lo es. La oferta no puede ser más tentadora: puede conseguirle una pantalla plana de 50 mil pesos, precio comercial, por 15 mil o menos. Este precio es posible, explica, porque el sujeto trabaja en la aduana y la puede sacar sin pagar impuestos. En un país de impunidad, este acuerdo no levanta la mínima sospecha.

Imagen cuatro: la víctima decide aprovechar la oferta y le da la mitad o la cantidad completa de dinero. Ha hecho el negocio de su vida. Ve al sujeto dirigirse a lo que se supone es la aduana… y nunca más regresa.

Es el arte del engaño que los delincuentes utilizan una y otra vez, gracias a que somos una sociedad poco informada, desinteresada y en un plano de la realidad que nos ubica en la mayoría de las ocasiones del lado de los sorprendidos. Ambos casos son públicos, en el primero está disponible hasta la grabación, y en los dos las denuncias se reportaron al Consejo Ciudadano de la Ciudad de México.

Es fundamental entender que los dos métodos (modus operandi) reflejan una flexibilidad y una coordinación que nos falta a los ciudadanos. Ya sea como vecinos o como consumidores, somos presa fácil de quienes necesitan sorprendernos para robarnos.

No nos engañemos, todo delito es un negocio y como cualquier negocio se rige por las leyes del mercado. Estos tipos de delito requieren de una inversión media y de infraestructura básica, es decir, no son caros frente a las utilidades que puede generar.

Debemos entender que los incentivos económicos del delito son el motor que permite que suceda; la falta de denuncia, la corrupción y la impunidad para perseguir y condenar, los lubricantes y pistones que hacen funcionar la maquinaria.

¿Cómo nos protegemos? en primer lugar, a nadie se le abre la puerta de casa si no ha sido invitado, lo esperamos o es conocido. Somos demasiado corteses y no queremos prohibirle la entrada a nadie que no parece tener nada qué hacer en el quicio de nuestro condominio o que argumenta estar tocando el timbre desde hace varios minutos. No vayan a quejarse los vecinos.

Y aunque no tenemos obligación de saber cuándo la compañía de teléfono, la del gas doméstico, la de televisión de paga o el Sistema de Aguas de la Ciudad, van a enviar un representante, sí podemos hacerlos esperar hasta que tengamos plena seguridad de que son auténticos y tienen una identificación legible que se puede confirmar con una simple llamada a las oficinas.

En el caso de las personas que se ostentan como del Sistema de Aguas de la Ciudad de México, ya se puede llamar al Consejo Ciudadano, 5533 5533, para verificar en ese instante que ésta persona (o personas) realmente pertenecen a la institución. Es sólo una llamada.
En tercer lugar, si no se puede verificar con la empresa por alguna razón, llame a su policía de cuadrante –el teléfono lo puede obtener en www.consejociudadanodf.org.mx - y pídale que se acerque y compruebe la procedencia del trabajador. Deberá estar en su puerta en menos de dos minutos, si no, llame de nuevo al Consejo Ciudadano y repórtelo.

Por lo que se refiere al fraude en el Aeropuerto y sus supuestos “aduanales” la situación es de sentido común. Los norteamericanos dicen que no hay nada como un desayuno gratis. Aplica para todos los países. Si suena demasiado bueno, desconfíe, lo más seguro es que es falso. No seamos víctimas de nuestra ambición y rechacemos todas esas falsas promesas que solo terminan por perjudicarnos, de una u otra manera. En resumen: nadie regala nada, ni cuando se trata de algo ilegal.

En todo caso, la mejor forma de protegernos ante el engaño es cuestionar y verificar antes de realizar cualquier acción. Y antes de ser sorprendidos, denunciar.

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