Opinión

El arte de desactivar las bombas financieras

¿Recuerda usted la película denominada ‘The Hurt Locker’?

La cinta ganó el Oscar a la mejor película en 2009 y su directora, Kathryn Bigelow, el de la mejor dirección.

Era la historia del sargento William James y las operaciones de su brigada antiexplosivos en Irak.

Cada bomba que tienen que desarmar, en la que deben actuar con precisión y rapidez se convierte en un drama en el que se pone en riesgo la vida.

Bueno, pues ahora los banqueros centrales del mundo desarrollado (y en particular la señora Janet Yellen, que a partir de este sábado encabezará la Reserva Federal de Estados Unidos) tienen que actuar como si fuera parte de una brigada antiexplosivos.

Sus connotados predecesores, Alan Greenspan y Ben Bernanke, con todo y su aura de maestros y genios, fracasaron en impedir que nos estallara la bomba en 2008. No actuaron con precisión y oportunidad.

Ayer, en la última reunión presidida por Bernanke, el Comité de Mercado Abierto tomó la decisión de seguir la ruta de recortar los estímulos monetarios en otros 10 mil millones de dólares.

Y, todo indica que habrá recortes al menos en las siguientes reuniones
que realice el Comité, ya bajo el mando de Yellen. La próxima ocasión en la que probablemente se anuncie un ajuste es el 19 de marzo.

Imagine por un momento que Yellen recibe un globo inflado casi al punto de reventar. La tarea es dejar que el aire salga poco a poco. No tan rápido como para que el globo empiece a girar rápidamente y sin dirección; no tan lento como para no pase nada. Y además, evitando que alguien vaya a darle algún alfilerazo.

Para ver qué tan inflado está el globo, vea usted las siguientes cifras. La medida más amplia de la masa monetaria (M2) de Estados Unidos, calculada por la Fed, llegó a 10.95 billones (trillions) de dólares en diciembre de 2013.

En junio de 2008, antes de que todo reventara, la cifra era de 7.63 billones.

El crecimiento nominal de ese periodo es de 43.5 por ciento, o 3.32 billones de dólares en términos absolutos.

En términos reales, el crecimiento acumulado es de 32.6 por ciento.

Aun si se corrige la tasa por efecto de crecimiento de la economía, resta un alza de 25.2 por ciento, es decir, se le inyectó a la economía en términos netos algo así como 2.8 billones de dólares a precios actuales.

Esta cifra es algo así como el 17 por ciento del PIB norteamericano. O, si quiere una medida más cercana, el equivalente a poco más del doble del PIB en México.

Así como la brigada antiexplosivos de ‘The Hurt Locker’, debía trabajar contrarreloj, desde ya la autoridad monetaria norteamericana deberá mostrar su habilidad para desarmar la bomba monetaria con precisión de relojero.

Hemos tenido suerte y hasta ahora, los dos recortes en la inyección de liquidez no han dado problemas mayores.

Sí, causaron –y seguirán causando- ciertas turbulencias en los mercados financieros, pero hasta ahora nada para quitar el sueño.

Si lo quiere ver del lado positivo, la decisión que la Fed tomó ayer quiere decir que no encontraron problemas suficientemente graves en la recuperación de Estados Unidos, sino que hallaron evidencias de un fortalecimiento del mercado laboral y de alzas en la producción.

En el mundo incierto en el que vivimos, no hay, sin embargo, nada seguro.

No es imposible que en alguno de los próximos recortes, o simplemente ante la posibilidad de que ocurran, veamos turbulencia como para preocuparnos.

Insisto en lo que aquí le he comentado: más vale manejar las políticas públicas en este año con un exceso de prudencia, que apostar a que todo va bien y ya no hay de qué preocuparse.


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