Opinión

El árnica y la verdad

Amigos que no malquieren a Gamés le han propuesto un negocio con gran sentido de la oportunidad: “Masajes La Volpe”. Le pronostican a Gil un éxito rotundo. La pregunta que de inmediato inquietó a Gilga fue la siguiente: ¿con o sin árnica? Mientras se aclaran las relaciones no del todo claras entre la podología y el masaje, el affaire La Volpe ha tomado dimensiones de primera plana, de tribunales, de contratos millonarios y, sobre todo, ha revelado rasgos del perfil de una de las empresas más opacas de la vida mexicana: los clubes de futbol y, desde luego, la Federación Mexicana de Futbol.

Alma Belém Coronado, podóloga del equipo de futbol Guadalajara, acusó al director técnico del equipo, Ricardo Antonio La Volpe, de acoso sexual. El dueño del equipo, Jorge Vergara, lo cesó de modo fulminante en conferencia de prensa en la cual dio a conocer la causa del despido. Y empezó la función de medianoche.

Ricardo Antonio La Volpe abrió la coladera por donde corre el agua sucia y dijo que dos promotores que están de acuerdo con los directivos deportivos Palencia y Juan Manuel Herrero, arman en plantel; además, según La Volpe, dos jugadores le informan a Angélica Fuentes, esposa de Vergara, todo lo que ocurre en el interior del equipo. La versión y desmentido de La Volpe respecto al asunto del acoso sexual fue más o menos chocarrera: y bueno, me informan que la podóloga del equipo da masajes. Y digo: llio esto no lo voll a aceptar. ¿Qué hago? Voll a comprobar si da masajes. Y sí, da masajes, con árnica.

El árnica aparece en este affaire como una prueba de cargo importantísima pues al parecer conduce a la huidiza verdad (la verdad, para que se respete, tiene que ser huidiza). Así las casas (muletilla inmobiliaria), la versión acusadora afirma que Ricardo Antonio La Volpe se presentó ante la podóloga-masajista sin más atuendo que una toalla puesta en la cintura. Ligero de equipaje, La Volpe le pidió un masaje a la podóloga-masajista con el único fin, mju, de comprobar que ella sí daba masajes. Y zaz, sobreviene la zacapela (no empiecen) que tú das masajes, que yo no los doy, que eso está prohibido, que usted me acosa, que tu traes árnica en la palma de la mano. Y de aquí directo a la primera plana, a la pantalla, a las redes sociales.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y caviló: árnica y masajes, verdad y podología. Bien abordemos este asunto con los instrumentos de la poesía. El punto que nadie quiere poner en la mesa (una mesa imaginaria, no sean literales) es que la idea del masaje trae consigo la idea de los favores sexuales, oh sí. Que venga la podóloga porque tengo una uña muy enterrada, podría ser una llave de entrada al mundo del sexo, del toma y daca, del duro y dale, en fon.

Nadie sabe si es cierto que la podología derivó en otros oficios más antiguos, tal y como lo que sugiere La Volpe. El árnica regresa como una clave del caso. Gil se ha informado en Wikipedia: conocida como la quina de los pobres, la estornudadera o el tabaco de la montaña, el árnica en forma de emplastos sirve para contusiones y tiene cualidades antiinflamatorias y antiespasmolíticas. ¿Y a qué viene todo esto, se preguntarán la lectora y el lector?

Muy simple; ¿ustedes usarían la árnica en las partes más íntimas? Si así lo hicieren aullarían de ardores terribles. Es decir: si la podóloga usaba árnica, daba masajes, pero sólo masajes. ¿Cómo ven la conclusión de Gilga? Así cayó La Volpe de la gracia de los dioses, una fiscal lo ha demandado por acoso y atentados al pudor. El estratega de la selección, aquel que vio en Cuauhtémoc Blanco al eje del equipo, el Bigotón que se peina como si hubiera sobrevivido a un incendio, el hombre de la imaginaria está en serios problemas al borde del abismo.

Ahora mal: los equipos que forman parte de la Federación Mexicana de Futbol, ¿no le rinden cuentas a nadie? Gil dijo al inicio de esta página que la organización del futbol en México era opaca: no, opaca es poco, se trata de un callejón oscuro.

La máxima de Baltazar Gracián espetó dentro del ático: “Es tan difícil decir la verdad como ocultarla”.

Gil as’en va