Opinión

El aire, enrarecido tras Iguala

MONTERREY.– La tragedia del 26 de septiembre inunda todos los foros. Hace 15 días, en el exclusivo Club de Industriales, el Instituto Aspen convocó a un panel denominado “¿Por qué México no crece?” En la discusión se terminó mencionando más a Iguala que a la competitividad. Lo mismo pasó el miércoles en “The Mexico Summit”, organizado por la revista The Economist. Y cosa igual ha ocurrido este jueves aquí, en la capital regiomontana, donde se desarrolló el “Monterrey Summit, México ante las reformas”, organizado por El Financiero y Bloomberg.

La desaparición de 43 estudiantes en Iguala, así como el asesinato esa misma noche de 6 jóvenes más, ha provocado una ola de indignación que se ha manifestado en jornadas de protestas y marchas que han resultado ejemplares por su civilidad y contundente mensaje: Vivos se los llevaron y vivos los queremos.

Pero luego de la noche de Iguala han surgido también otros fenómenos, difíciles de descifrar, como lo son el incendio del Metrobús en Ciudad Universitaria de antier, el ataque al Walmart en Tláhuac ayer y, sobre todo, una importante ola de robos de unidades repartidoras de refrescos y productos alimenticios en varios estados.

Fuentes empresariales sostienen que desde finales de septiembre hay un disparo en los casos de “secuestro y retención de unidades de transportes: desde pequeñas camionetas de reparto hasta, incluso, los llamados ‘doble-remolques’. Al secuestrarse las unidades se saquea todo el producto, incluso se roban el combustible y se retienen por unos días los vehículos, que después son ‘devueltos’. Ese producto es después ‘regalado’ a la población. No se sabe de casos de daño a los operadores. Cifras no oficiales nos harían pensar que el número de unidades secuestradas supera las 80”.

Esta escalada de robos se ha dado en Iguala, Acapulco, Chilpancingo, Tlapa, Tixtla y Arcelia en Guerrero. Pero, explicaron las fuentes, también hay casos en carreteras de Michoacán y del Estado de México, incluso en la ruta a Atlacomulco o cerca del Distrito Federal, en la México-Toluca.

El caso ha llegado a preocupar a la industria de tal manera que ya se discute si no sería mejor dejar de llevar producto a esas tres regiones. Alegan que no sólo es por la pérdida de la mercancía, sino porque se han dado casos de retención, así sea por unas horas, de los operadores de los vehículos. De acuerdo con las fuentes, estos robos ocurren a plena luz del día y ante la pasividad de las policías locales o federales, cuya presencia ni siquiera “tiene un efecto disuasorio sobre los saqueadores”.

El miércoles, el secretario de Hacienda Luis Videgaray atinó en lo mucho que representa Iguala. “Es un hecho de la más alta gravedad, y lo más importante en este momento, insisto, es la búsqueda de los jóvenes desaparecidos, y que continúe la investigación para que se haga justicia; y por supuesto, lo ha dicho ya el presidente, que nos lleve a un proceso de reflexión colectiva como nación para evitar que estos hechos vuelvan a ocurrir. Creo que lo fundamental es el fortalecimiento del Estado de derecho”.

Hay que conocer el paradero de los muchachos, hay que hacer justicia, y luego hay que hacernos cargo de las evidentes señales de que el ambiente se ha enrarecido de fea manera.

Como lo mencionó Enrique Quintana ayer, al cerrar el “Monterrey Summit”, “el entusiasmo que han despertado las reformas entre los inversionistas se irá erosionando si no se logra transmitir la certidumbre de que nuestro país es un Estado de derecho donde hay certidumbre jurídica”. Y Guerrero ha evidenciado cuán lejos estamos de eso.