Opinión

El agente Richard DesLauriers promete ir hasta el fin de la Tierra


 
Ir hasta el fin de la Tierra para dar con los culpables del atentado en Boston. Así lo prometió ayer ante más de 2,000 personas, en conferencia de prensa, el agente especial Richard DesLauriers, jefe de la FBI en la gran urbe de Massachusetts, su entidad natal y escenario del mayor reto en su exitosa carrrera profesional.
 
Acompañado del gobernador Deval Patrick y del alcalde Tom Menino, DesLauriers, de 53 años, reconoció sin embargo que "la investigación está en su infancia" y, confirmando la descripción que hacen de él sus allegados, que lo califican como "un poco intelectual", obsesionado y perfeccionista en su trabajo, aclaró que "estamos haciendo esto de forma metódica... pero con un sentido de urgencia".
 
Por el momento, las pistas que se han divulgado son escasas. Restos de nailon, de bolsas con las que las ollas de presión transformadas en bombas con pólvora y tornillos como metralla fueron llevadas hasta la meta del maratón es todo lo que parece tener el sabueso de Longmeadow, pequeña localidad de la que partió a Washington para estudiar en la Universidad Católica. Por eso su insistencia en señalar que "alguien sabe quién hizo esto. La persona que lo hizo era amigo de alguien, su vecino o compañero del trabajo", frente a un rompecabezas que luce más complicado tras las cartas con ricino enviadas al senador Roger Wicker y el presidente Barack Obama, por más que las autoridades hayan recalcado que se trata de casos separados.
 
Vale la pena preguntarse, en este marco, por qué DesLauriers aludió a una sola persona como responsable del primer ataque terrorista exitoso en Estados Unidos desde el 11-S y la nunca bien aclarada serie de misivas con antrax, enviadas al mismo Capitolio y medios de comunicación, que sembraron la paranoía mundial y justificaron el asalto aliado de Bagdad, que para entonces carecía de "armas biológicas de destrucción masiva". ¿Habrá estado pensando en el "lobo solitario" de ultraderecha, miliciano, blanco y protestante, ultrajado por la reelección de Obama, los tibios esfuerzos de control de armas y la reforma migratoria?
 
Intercambio
 
En su página de Internet, Time detalla que hace 3 años DesLauriers protagonizó un episodio digno de la Guerra Fría, al dirigir la operación Ghost Stories para el canje de espías capturados con Moscú. El intercambio se efectuó en Viena y EU entregó a 10 "agentes dormidos" rusos por 4 "prisioneros" también rusos que trabajaban en su favor. Se trató así del final de lo que un exfuncionario del Departamento de Justicia llamó "uno de las más complejos e impresionantes operativos de contrainteligencia" en la historia reciente.
 
Con Ghost Stories, DesLauriers, con 25 años de carrera en el campo del contraespionaje, es decir, la cacería de agentes rivales, borró de tajo la vieja historia de la rivalidad entre la FBI y la CIA por la hegemonía en el área de inteligencia. Dicha rivalidad, según la historia oficial, llegó a tal nivel que facilitó a Osama ben Laden perpetrar los ataques suicidas del martes negro. Las dos corporaciones ni siquiera compartían sus datos y la FBI seguía anclada a la mentalidad del choque bipolar con la Unión Soviética. No obstante, DesLauriers condujo la delicada operación política y diplomática con maestría, al lado de otros servicios.
 
Pero el terrorismo, sobre todo si es de carácter interno, puede ser más desafiante. En vísperas del 18 aniversario del ataque a la sede federal de Oklahoma City, perpetrado por Timothy McVeigh con saldo de 168 víctimas, DesLauriers tendrá que coordinarse con otras agencias, como la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) de la procuraduría general que, recuerda The Washington Post, desde 2006 carece de un director confirmado por el Senado y que pese a su valiosa especialidad, el rastreo de arsenales y explosivos, atraviesa por uno de sus peores momentos, agravado por el fracaso del "tráfico controlado de armas" para el cartel de Sinaloa en la operación Rápido y Furioso.