Opinión

El adjetivo de la democracia: Resultados

Al conmemorar 30 años de aquel ensayo publicado por Enrique Krauze titulado “Por una democracia sin adjetivos”, ensayo por cierto que fue objeto de un sinnúmero de adjetivos y de relecturas por parte de una opinión pública incipiente, naciente, que atravesaba por una severa crisis económica, podemos afirmar que México encontró el camino a la democracia.

Un camino que transitó por una liberalización política que se inició con la reforma política de 1977, en la que comienza la formación de un sistema de partidos, canalizando la participación electoral de grupos de oposición de forma institucional. Se “liberalizan” espacios que configuran el sistema de partidos, abriendo la posibilidad de una competencia electoral, y se promulga la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales.

Cabe destacar que es en esta reforma que se elevan a rango constitucional a los partidos políticos como entidades de interés público y nace la representación proporcional, lo que origina un sistema mixto de representación parlamentaria, otorgando incentivos a la oposición a participar, dejando se ser una guerra perdida.
Hoy, al conmemorar 30 años de aquel ensayo, México cuenta con nuevas leyes electorales: una Ley General de Partidos Políticos, de Instituciones y Procedimientos Electorales y de Delitos Electorales y por supuesto de una gran reforma política a nivel constitucional que modifica sustancialmente el sistema político.

El contexto de ahora si bien no es de crisis política ni económica, es de transformaciones, de democracia en donde los votos cuentan y se cuentan, de pluralidad, de competencia, pero también de cambio de régimen, y de una robusta sociedad civil.

La reforma política modifica de manera orgánica nuestro sistema político, sin embargo, las reglas electorales aprobadas por el Congreso el 14 de mayo no modifican la base de “sospechosismo” y desconfianza, y proyectan además un carácter punitivo y persecutorio, en el cual los Partidos, que deben andar por el camino de la legalidad, y acatarlas a cabalidad, siguen contando con financiamiento privado a pesar de la propuesta del PRI de eliminarlo. Es una gran reforma política pero aún falta cultura democrática de los actores y por ello la deja una vez más inconclusa.

Es de señalarse también que en este contexto de mayor equilibrio de poderes, la centralización de tareas en el INE debe de conducirse para alcanzar un auténtico federalismo en todas las áreas, esa deberá ser una tarea prioritaria, la generación de confianza a nivel local debe construirse desde el INE, y éste debe de tener presente el respeto al federalismo y la soberanía de los Estados de la República.
Destaco por último la tarea impostergable que el IFE heredó al INE, que es el de la redistritación, 15 años de atraso ponen en entredicho nuestra democracia representativa de “una persona, un voto”, es una tarea pendiente y urgente, el principio democrático queda en duda con la actual geografía electoral.

La democracia demanda un trabajo diario, no sólo legislativo, sino de prácticas, de honestidad, de visión y congruencia; falta aún mucho por hacer para alcanzar la democracia de calidad, la democracia de resultados que nos debemos los mexicanos, hagamos cada uno un aporte a éste objetivo final.

*Secretario de Acción Electoral del CEN del PRI.