Opinión

Acuerdo nuclear con Irán: Obama al filo de la gloria

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ALí Jamenei condiciona Pacto nuclear. (AP)

El G6, el grupo formado por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU --Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido y Rusia, más Alemania-- está a punto de lograr un acuerdo histórico con Irán. La semana pasada, tras frenéticas negociaciones en Lausana, Suiza, los negociadores llegaron a un acuerdo marco que establece los grandes parámetros del tratado y sólo restan detalles que tendrán que ser consensados antes del primero de julio próximo.

La esencia del acuerdo estriba en que Irán disminuiría su capacidad para enriquecer uranio, lo que eliminaría prácticamente la posibilidad de que desarrolle armas nucleares. A cambio, le quitarían las sanciones a su estrangulada economía.

La negociación del acuerdo ha sido extraordinariamente compleja: desmantelar la capacidad bélica de un desarrollo nuclear largamente anhelado por Irán, pero manteniendo su derecho a producir energía.

Por si fuera poco, los dos grandes actores de la negociación, Washington y Teherán, prácticamente no se comunican desde 1979, año de la revolución islámica, pero sí les sobran recelos. ¿Qué explica entonces que Estados Unidos e Irán estén a punto de hacer historia?
En primer lugar, la osadía de Barack Obama, quien desde su primer campaña para la presidencia en 2008 señalo que estaría dispuesto a tener un “constructivo acercamiento” con Irán. Esto le valió vehementes críticas, como las de Hillary Clinton, quien le disputaba la nominación demócrata por la oficina oval y de inocente no lo bajó. Sin embargo Obama, quien está muy lejos de ser un político testarudo, jamás cambió de opinión.

Siempre buscó una oportunidad de acercarse a negociar con su acérrimo enemigo y la logró en el momento más inesperado, marzo de 2013, cuando aún gobernaba Mahmud Ahmadineyad, un furibundo antiestadounidense. Washington logró lo que en el argot de negociación se denomina un canal trasero (back channel).

Segundo, la elección del presidente Rohani en junio de 2013, quien es sustancialmente más moderado que su predecesor, acabó siendo la bendición para el canal trasero, por lo que en unos pocos meses se inició la negociación formal G6-Irán.

Tercero, los números uno y dos del equipo negociador de Irán estudiaron en Estados Unidos antes de la revolución. El canciller Mohammad Javad Sarif estudió su licenciatura, maestría y doctorado en Estados Unidos. Por su parte, el segundo negociador de Irán, Alí Akbar Salehi, quien lleva el peso técnico del acuerdo, estudió su doctorado en física en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Cuando el secretario de Estado John Kerry se percató del pasado académico de Salehi, le pidió al presidente Obama enviara a Suiza a otro doctor en física del MIT, Ernest Arnie, secretario de Energía. Hay evidencia de que los doctores en física y excompañeros del MIT (aunque no se conocían) se entendieron bien y resultaron clave en el avance del acuerdo marco.

Ahora bien, en el umbral de la gloria para Obama, es pertinente la pregunta: ¿qué podría detener el éxito de la negociación? La respuesta estriba en lo que se conoce en el ámbito de teoría de negociación como el segundo nivel, es decir, el poder interno que ratifica los acuerdos.

Los negociadores de Irán negocian en un primer nivel con sus contrapartes del G6, pero su segundo nivel es el líder supremo, el ayatola Alí Jamenei. Según versiones de la prensa occidental, Jamenei está favoreciendo a los moderados globales, como su canciller Yavad Zarif, frente a los duros, quienes insisten en el aislamiento y la continua agresión hacia Estados Unidos y sus aliados.

El segundo nivel para los negociadores de Estados Unidos lo representa el Senado. La Constitución le confiere el poder de ratificación de acuerdos internacionales. Bajo un liderazgo republicano, el Senado ya dio muestras de querer arrebatar a Obama su gran legado: un acuerdo con Irán de extraordinarias dimensiones para la paz del planeta.

Obama está cerca de la gloria pero la historia puede repetirse: en 1920, el Senado arrebató al presidente Woodrow Wilson su Liga de las Naciones, privando a Estados Unidos y al mundo de un instrumento privilegiado para prevenir la guerra.

Para evitar la suerte de Wilson, Obama requiere desarrollar un cabildeo efectivo en las próximas semanas en el Senado. Apuesto, pero no todo mi resto, a que lo logrará.

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