Opinión

Efecto dominó: ayer Estados Unidos, ¿mañana Francia?

  
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Francia

El desencanto con la globalización y la creciente desigualdad han llevado a los votantes que por lo general se abstenían a acudir a las urnas. El “Brexit” y el triunfo de Trump deben encender las alarmas sobre el resurgir de las peores tendencias nacionalistas, populistas y xenófobas en las democracias consolidadas. En 2017 será el turno de Francia. Entre abril y mayo, los franceses elegirán a su próximo presidente.

El principal fantasma de la elección presidencial francesa es el ascenso del Frente Nacional (FN), el partido más votado del país. Obtuvo 25% de los sufragios en las elecciones europeas de 2014 y 27% en los comicios regionales de 2015. Surgido en 1972, es un partido patriota, fiel a los valores tradicionales franceses y defensor de la clase obrera para sus simpatizantes; euroescéptico, populista y xenófobo para sus detractores. Con la llegada de Marine Le Pen a la presidencia del partido en 2011, el FN ha mejorado su imagen frente a la opinión pública con un rostro más amable que el de su padre Jean-Marie, conocido por sus expresiones racistas y antiinmigrantes.
 
Según la intención de voto actual, Le Pen pasará a la segunda vuelta presidencial. Sin embargo, hasta ahora, el sistema electoral francés –que prevé dos vueltas para construir mayorías simples– ha sido el principal obstáculo para el ascenso al poder del FN. Por ejemplo, en la segunda vuelta de las elecciones locales de 2015 los partidos de derecha e izquierda se aliaron para evitar que el FN conquistara alguna región del país.

Con el Partido Socialista con pocas posibilidades de retener la Presidencia –el presidente Francois Hollande tiene niveles de aprobación por debajo de 20%-, el candidato de la derecha es quien enfrentará probablemente en la segunda vuelta presidencial a Le Pen. El nombre de este aspirante se revelará el 27 de noviembre, al término de las elecciones primarias que inician este domingo.

Los simpatizantes de la derecha elegirán a su campeón de entre siete candidatos (seis hombres y una mujer). Según los sondeos, la competencia en la primaria estará entre dos de ellos, que ya han tenido responsabilidades en el gobierno nacional: Nicolás Sarkozy, expresidente (2007-2012), y Alain Juppé, exprimer ministro y eterno alcalde de Burdeos.

Sarkozy, ha formado una base de simpatizantes que podrían darle la oportunidad de volver a la Presidencia, a pesar de los problemas legales que enfrenta. En la elección presidencial de 2007 virar hacia la derecha le sirvió para ganar la elección. Su legado es controvertido. En sus cinco años de gobierno endureció las leyes migratorias y de integración. En estas elecciones primarias, ha presentado un rostro ambivalente para alguien que es descendiente de inmigrantes y alcalde de uno de los suburbios más ricos de París: “Soy candidato para hablar de las preocupaciones cotidianas de los franceses, no para ser el representante de una elite a la que le va bien”.

Juppé es un hombre preparado. Se formó en instituciones educativas prestigiadas –la Escuela Normal Superior, el Instituto de Estudios Políticos de París y la Escuela Nacional de Administración– como es tradición entre los gobernantes franceses. Es un político profesional, característica que antaño pudo haber sido su mayor fortaleza y quizá hoy sea su mayor debilidad si se avanza el discurso antisistema. Por ahora cuenta con el apoyo de los moderados. François Bayrou, líder de principal partido de centro, “Movimiento Demócrata”, ha anunciado que se sumaría a su campaña.

Sarkozy y Juppé, como el resto de los precandidatos, se han concentrado más en los simpatizantes de la derecha, que en sus votantes tradicionales. En los debates los temas principales de precampaña están las amenazas a la seguridad nacional y al orden público, el papel del Islam, el número de años del mandato presidencial y los problemas del desempleo y la economía.

El FN tiene raíces nacionales profundas, pero tiene hoy una coyuntura internacional favorable para crecer. Lo advierten todas las corrientes políticas, de derecha a izquierda, que retoman las ideas que ha señalado históricamente el Frente. De manera irónica, esto contribuye a la aceptación de sus propuestas.

Mientras que Le Pen se presentará como una opción con un enfoque más pragmático (matizando sus propuestas más radicales), el futuro candidato de la derecha (sobre todo si es Sarkozy) muy posiblemente buscará ganarle electores con un discurso antisistema y obligar al resto –incluidos moderados y socialistas– a cerrarle el paso a la opción más radical.


Twitter: @lourdesaranda

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