Opinión

Educación para un nuevo México

17 diciembre 2013 5:2

 
Hoy vivimos un momento histórico en el cual contamos con el mayor número de jóvenes, lo que se le ha llamado el bono poblacional y se ha venido transformando en una factura, porque el aparato productivo es incapaz de generar suficientes plazas de trabajo. Si bien es usual atribuirles la culpa a las autoridades, es fundamental diferenciar lo que entra en el ámbito de las atribuciones públicas, de la iniciativa privada e incluso, en la toma de decisiones personales.
 
Este punto es relevante porque la educación en cualquiera de sus dimensiones, es el “software” para enfrentar los retos de la globalización y la competencia.
 
Trasciende la perspectiva simplista de “conseguir chamba” para enfocar el objetivo hacia el alanzar un mejor nivel de vida.
 
 
Sin controversia, hay limitantes estructurales, pues mientras los maestros de educación básica del sistema público estén más preocupados por manifestarse, que por trabajar, nada bueno saldrá de ello. También la capacitación es crucial cuando está demostrado que los docentes reprueban los exámenes de conocimiento básico.
 
 
Hay otros aspectos como la alimentación en un nivel de población que vive en la miseria y aun con la gratuidad de la escuela, les faltan los elementos calóricos para desarrollar el aprendizaje. En tanto esta tarea se encuentre pendiente, hablar de igualdad de oportunidades es ocioso.
 
 
En un ámbito de mercado, ante este “bono poblacional” han surgido las llamadas universidades SA que sólo buscan la rentabilidad y poco les interesa el nivel educativo o la calidad de los programas. Hacen perder el tiempo a los muchachos que salen con conocimientos vagos y son incapaces de competir. Lo anterior se ha visto magnificado, porque las instituciones públicas carecen del espacio suficiente y la única opción para quienes tienen bajos ingresos es entrar a las escuelas “patito”.
 
 
Ahora bien, tanto estas seudo universidades, como también las serias, han caído en la tentación de un exceso de creatividad con carreras que el mercado laboral no alcanza a apreciar, pero que a los ojos de los jóvenes parecen glamurosas.
 
En contraparte, existe una sobrepoblación en carreras, cuya demanda está agotada por las empresas. Falta información para quienes están tomando decisiones de qué estudiar, para evaluar además de su vocación la empleabilidad.
 
 
El concepto de generaciones anteriores de “quiero que mi hijo estudie una carrera para que sea alguien”, puede ser ahora una limitante. En muchos casos hay técnicos ganando por arriba de los licenciados e ingenieros.
 
 
Obliga a toda la sociedad en repensar el modelo educativo porque ya no se trata sólo de conocimientos “duros”, sino de una serie de cualidades como las actitudes de trabajo en equipo, la empatía y la asertividad. Esto, desarrollado en una generación de jóvenes que por los mismos cambios sociales tienden a ser individualistas y que desean obtener los conocimientos a la velocidad de un click.
 
 
Hay grandes preguntas para todos los participantes, gobierno, universidades y población, como el hecho de aprovechar los avances tecnológicos y de comunicación en pro de una educación para este milenio. Son temas que debemos de reflexionar en todos las ámbitos y poner manos a la obra.