Opinión

Educación para el futuro

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[Cuartoscuro]   La medida se aplicará en preescolar y primaria.

En las últimas colaboraciones he compartido con usted algunas reflexiones acerca de lo que creo que está pasando en el mundo, en términos de crecimiento, inversión y productividad. Y entre tantos temas, le decía que la educación tiene el mismo problema de la inversión: no siempre es una buena idea, aunque todo mundo lo crea. Invertir en algo que no se va a usar no es negocio. Estudiar algo que nadie va a necesitar, lo mismo.

Por eso también afirmaba que si bien no hay duda de que el país debe invertir en educación básica para todos, la educación superior ya no parece tan buena idea. Con esto no quiero decir que no deba existir educación superior pública, o apoyos amplios para ello. Lo que me parece importante es comprender que conforme la educación se va especializando, el riesgo de que resulte inútil crece, y crece mucho.

Si una persona debe decidir su especialidad a los 18 años, lo más probable es que se equivoque. Evidencia sobra: cerca de la mitad de las personas se dedica a actividades diferentes de lo que estudió (yo incluido). En algunos casos, el rumbo azaroso puede resultar en una mejor preparación, pero por definición no debe ser así en la mayoría de las ocasiones, o eso implicaría un desastroso sistema universitario. Las áreas que se deciden en preparatoria deberían continuar por un par de años más, al inicio de las carreras: ingeniería, químico-biológica, administración, humanidades, artes. En los hechos, así ocurre en varios sistemas, a través del tronco común.

Pero la educación se ha convertido en simple inercia. Un niño entra a preescolar a los cuatro o cinco años, y a los 18 pasa a la universidad, si no se ha rendido. Como usted sabe, la mayoría de quienes salen del sistema educativo lo hacen en preparatoria (poco más de la mitad de quienes entran a secundaria no terminan preparatoria). Muchos de ellos, porque en ese momento se dan cuenta que no han aprendido nada, y seguir les parece imposible, mientras que afuera encuentran oportunidades de ganar un poco de dinero. Pero quienes siguen, pasan a la universidad y vegetan en ella varios años. Deciden qué estudiar con base en sus amigos, sus familiares, y el camino del menor esfuerzo. Un joven profesor de filosofía, @Dsquivel, se quejaba de la inercia esta misma semana: “¿Tienes 18 años? Alístate en la marina mercante, ve el mundo, múdate a Alaska. Pero no, todo el mundo a la universidad, a ver qué sale.”

Si sumamos a esta inercia la profunda transformación del mercado, será más fácil entender por qué tenemos tantas personas con licenciatura que no pueden encontrar un buen trabajo. No decidieron muy bien, cursaron sus materias sin mucho interés, obtuvieron un título de una profesión que se demanda poco. En muchas ocasiones, este tipo de información molesta a muchas personas que creen que se está demeritando alguna carrera, o incluso un área entera de conocimiento.

No es así. Las dificultades ocurren cuando decenas o centenas de miles de personas estudian profesiones que no tendrán gran demanda. En este ciclo escolar hay 3.5 millones de jóvenes en educación superior, 54 por ciento de ellos en ciencias sociales, negocios, educación y humanidades. En cinco años tendremos un millón y medio de profesionistas en estas áreas, ¿de verdad hay espacio para todos? ¿Debe el país pagar buena parte del costo de esa educación? Yo creo que, al menos, son temas que hay que discutir.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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