Opinión

Educación, ética y cambio social y político

07 julio 2017 4:55
 
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ME educación en línea. (Shutterstock)

Por Víctor Manuel Pérez Valera*

Javier Duarte, elogiado por Peña Nieto, acaba de declarar que México es un Estado fallido, y en parte tiene razón, ya que en la ciudadanía existe no sólo desencanto, sino hastío ¿Cómo convertir la indignación en cambio político? Algunos partidos han sugerido realizar un frente amplio opositor, para sacar al PRI del gobierno, pero ¿Cuál sería el contenido de ese cambio y cómo debe realizarse?

A este respecto, conviene recordar que Platón el gran filósofo griego, ponderaba “el eros del espíritu” que radica en el corazón del hombre, y es el principio del dinamismo de todos los esfuerzos del ser humano en pos de la verdad, la bondad y la belleza. Este impulso debe vitalizar nuestros ideales y nuestra energía por el cambio.

A este dinamismo los griegos le llamaban daimon, pero esta energía apasionada, este impulso transformador puede desquiciarse, si no es guiado por el auténtico bien (en griego eu). Por consiguiente, la felicidad se denomina eu-daimonía. En esta línea el gran filósofo Heráclito escribió: “el carácter es el daimon del ser humano”. Esto significa que nuestras acciones deben brotar por convicción, desde dentro del corazón, no por coacciones o fuerzas externas. En otras palabras, para lograr la felicidad, el ser humano debe actuar conforme a la virtud, de acuerdo a los valores más profundos del espíritu. De este modo el daimon debe ser guiado por la sabiduría (sophia), y por la recta razón en el actuar. Ahora bien, como la sabiduría no es innata, se debe inculcar desde la niñez, y el proceso para suscitar esa sabiduría práctica, pertenece a la educación (en griego paideia). En la educación, está la clave de la humanización del ser humano y el eje del cambio social equitativo y justo. Por lo demás, la educación en valores más que una asignatura aparte debe abarcar todo el proceso educativo.

Desde luego, no debe tratarse como lo decía P. Freire de una “educación domesticadora”, instrumento del control político, sino una “educación liberadora”, con actitud crítica ante los datos y hechos de la vida, en la que se promueva al alumno a que se desarrolle como sujeto pleno, no como sujeto mutilado, simple transmisor de “paquetes de conocimiento”.

Roberto Guajardo Vizcaya, ha dicho de modo hiperbólico, que la reforma educativa de Peña Nieto es “una reforma digna de un país como el de Alicia, sí, en el país de las maravillas, ya que no cuenta con el qué, los cómo, los quién, los cuándos y los para qué, una reforma llena de buenas intenciones… “

Parece oportuno, a este respecto, hacer mención del libro de Bernard Lonergan Filosofía de la Educación, del cual solo podríamos elaborar un esbozo muy sintético: a) Fomentar en los alumnos el deseo irrestricto de conocer y de amar que los conduzca a elegir el bien, tanto el bien individual, como el bien social, b) Advertir a los alumnos que deben estar atentos a superar los prejuicios y las cegueras, tanto intelectuales como valorales, c) Promover en el conocimiento el autoexamen y la autocrítica, d) Hacerse las preguntas pertinentes para llegar a la verdad y al auténtico bien, e) Para llegar a la elección correcta, es necesario saber deliberar, evaluar y decidir lo mejor, lo que nos lleva a la superación, a ser sujetos cabales, ya que toda la educación debe girar alrededor del sujeto, f)Por último, asumir la belleza, que es el resplandor de todos los órdenes de la vida y que nos exige llegar al culmen de la educación, la conversión de la persona en el ámbito intelectual, ético y psicológico.

Conocer el conocer humano es la clave del aprendizaje. Para esto es importante, más explicitado, el antiguo método de Sócrates: la mayéutica. De este modo, las preguntas decisivas para conocer son: ¿Qué es?, ¿es así? ¿vale la pena? La última pregunta nos conduce al ámbito de las decisiones.

Esa es la pregunta fundamental sobre la identidad de la persona: ¿Quién soy?, soy lo que hago, lo que decido, lo que escojo, mis opciones. La suma de mis opciones, aunque sean sencillas o de gran trascendencia forjan mi personalidad, dan temple al carácter, constituyen la identidad.

Formar alumnos, de acuerdo a los imperativos del método lonerganiano: estar atento, ser inteligente, ser razonable, ser responsable y solidario, es el modo de formar sujetos auténticos.

Encontrar maestros que sepan vivir y transmitir estas características de la educación es un reto enorme que no se va a lograr con reformas administrativas, por más necesarias que éstas sean.

*El autor es Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

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