Opinión

¿Educación de calidad?

10 febrero 2014 5:1 Última actualización 22 agosto 2013 5:29

 
Rafael Aréstegui Ruiz

La reforma constitucional en materia educativa modificó el artículo tercero para agregar en el párrafo segundo que lo dejó subrayado en este precepto: La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.
 
 
Indudablemente que es loable el propósito, pero salta a la vista la terrible condición en que se encuentran los derechos humanos, pues recomendaciones emitidas por diversos organismos nacionales e internacionales no han sido atendidas por el Estado ¿no debería el buen juez empezar por su casa?
 
 

Además, se agrega un párrafo tercero que a su letra dice: El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos.
 
 
Al abordar el concepto de calidad, existen distintas perspectivas que pueden resultar útiles, si nos referimos a un producto, porque la calidad apunta a lograr una diferenciación de tipo cualitativo y cuantitativo en relación a algún atributo requerido, pero en el caso de la educación, nos referimos a un proceso social que se construye en un contexto específico.
 
 
Se empezó a hablar de la calidad de la educación desde que se abrió el debate acerca de que si la educación es un bien público o un bien privado y de manera recurrente se ha tratado de atribuirle que es una actividad eminentemente cultural y social, conceptos propios del mundo empresarial.
 
 
La reforma así aprobada presenta varios problemas que será importante aclarar y deberán estar presentes sino se quiere hacer una reforma de papel. El párrafo reformado se refiere a la educación obligatoria, es decir a la preescolar, primaria y secundaria, y junto con la media superior serán ineludibles, por tanto la reforma les compete a los dos primeros niveles y ello ya presenta una primera dificultad, pues no se habla de financiamiento necesario para obtener esos logros, además los materiales y métodos educativos, a los que hace referencia el párrafo, deberán garantizar el máximo logro de aprendizaje de los educandos.
 
 

Hasta hoy nada se ha dicho acerca de esos materiales, a menos que no sea el recientemente publicado libro de texto plagado de errores que obviamente no garantizan el máximo logro del aprendizaje
 
 

Pero el problema se hace mayor si tomamos en cuenta que la organización escolar, la infraestructura educativa, otros elementos que deben garantizar los resultados mencionados; ambos elementos son en efecto factores que inciden en el rendimiento escolar, pero las medidas de organización colegial que se están adoptando apuntan sólo a quitar el control –léase asignación de plazas– de la educación que estaba en manos del sindicato para trasladarlo a la SEP.
 
 
Y en lo que se refiere a la infraestructura educativa no se puede dejar de lado que el estado en que ésta se encuentra es totalmente deficiente con edificios que no han tenido mantenimiento mayor en años y que carecen de laboratorios, espacios deportivos, mobiliario, biblioteca y centros de cómputo.
 
 

Cualquier ciudadano en el futuro inmediato podrá demandar al Estado porque no se estará garantizando una educación de calidad. Ni la infraestructura, ni los materiales, ni la organización escolar, pueden en las condiciones que hoy se encuentran, garantizar el máximo logro de aprendizaje de los educandos y por tanto la calidad.
 

Doctor en Educación. Director General del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados.