Talento mexicano sobra, faltan políticas públicas para impulsarlo
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Talento mexicano sobra, faltan políticas públicas para impulsarlo

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Talento mexicano sobra, faltan políticas públicas para impulsarlo

23/07/2018
Actualización 23/07/2018 - 14:08

La administración que encabezará Andrés Manuel López Obrador habrá de apoyarse en el Inadem para proyectar al talento mexicano hacia los mercados internacionales. Ese es uno de los planes.

Hay materia prima para hacerlo y hacerlo bien. Hay muchos ejemplos y de ellos tomo uno en especial que se ha convertido en punto de apoyo de varias empresas del mundo, de diseñadores industriales y de grandes firmas como Disney y Carolina Herrera, por mencionar sólo dos de una gama que rebasa los 15 grandes nombres globales.

Fusión PM (producción y manufactura) es una empresa que se acerca a los 15 años de existencia. Comenzó con un grupo muy reducido de familiares a los que unía el gusto por el diseño. Hoy es una firma de sesenta empleados con pedidos en casi todos los continentes.

Nació por la voluntad destacada de Xico Ramírez y sus hermanos. Una empresa familiar que en poco tiempo acabó siendo una alternativa confiable para la elaboración de prototipos industriales.

Ahora que los materiales y los plásticos ofrecen tanta versatilidad, Fusión ha podido destacarse como una empresa capaz de entender y satisfacer caprichosas exigencias de sus clientes. En dos o máximo tres semanas una idea, un diseño en papel acaba adquiriendo forma capaz de ser puesto en práctica.

Cada año un total de 14 mil prototipos salen de las instalaciones de Fusión en la Ciudad de Tijuana. Esto implica un ritmo de producción sorprendente de 53 prototipos diarios durante todo el año.

Su trabajo ha sido tan confiable para grandes firmas pero también para empresas de muy alta especialización como es el caso de una firma australiana que produce carcasas para cámaras fotográficas o de video a usar en trabajos submarinos.

Acuatek es una firma australiana que trabaja con Fusión desde hace varios años. Dio con los mexicanos por referencias en internet y comenzó a producir con ellos sus diseños sin haber venido a México. Vende un aproximado de 250 aditamentos de esta naturaleza al año lo que no justifica una producción en serie de cada uno de los 16 modelos, así es que conforme llegan los pedidos va solicitando a la firma mexicana que se los surta.

Gracias a la instancia mexicana, Acuatek ahora trabaja al lado de Fusión PM en una carcasa que sea universal y que puedan varios modelos y marcas de cámara trabajar de manera eficiente dentro del producto australiano.

Si se impulsara un poco a esta empresa pudiera desarrollarse un clúster de empresas vinculadas al diseño y la producción de prototipos no sólo para empresas mexicanas, sino sobre todo para empresas extranjeras.

No es que nazcan esos casos de éxito de la voluntad divina, sino por el surgimiento de políticas públicas intencionadas.

El éxito en cualidades productivas es producto de políticas públicas deliberadas. Aún cuando se tratara de empresas tradicionales que seguramente encontrarán amplio potencial en las ZEE que algún día comenzarán a operar de manera acelerada, en este caso no habrá empresas tradicionales exitosas sin que haya políticas púbicas deliberadas que soporten el nacimiento de esos negocios.

Pero no sólo se trata de las políticas públicas bien intencionadas y direccionadas, sino de productos de promoción que tengan en su eje una verdadera voluntad de apoyar el surgimiento de empresas.

Las convocatorias de apoyo, de mantenerse, deberán también dar un paso firme en el sentido de la simplificación porque conforme pasa el tiempo los recursos que destina el sector público federal al emprendimiento son más abigarrados, pretendiendo con esto evitar que el recurso sea motivo de un fraude o de desvíos.

Un nuevo Inadem se tendrá que sacudir la excesiva tramitología que deriva de un supuesto: todos los beneficiarios de un proyecto apoyado por el gobierno federal son potencialmente corruptos y habrán de robarse el dinero sin desarrollar el proyecto como inicialmente fue planteado.

Es equivalente a como el SAT contempla al ciudadano: como un contribuyente que elude y que evade impuestos. Este enfoque centrado en la culpabilidad del otro (el contribuyente es evasor hasta que demuestre lo contrario y el beneficiario de un proyecto es potencialmente un corrupto que presenta un proyecto inflado o que no será llevado cabalmente al término como lo comprometió) impone una carga importante de obligaciones y trámites que complican el sano apoyo al proyecto emprendedor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.