Salauno, para que México vea bien
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Salauno, para que México vea bien

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Salauno, para que México vea bien

04/06/2018
Actualización 04/06/2018 - 14:00

Salauno es un emprendimiento de responsabilidad social que ejerce tres mil 500 cirugías oculares al mes y apoya a 15 mil mexicanos para que atiendan correctamente problemas de la vista. Parte de los pacientes pagan en función de sus posibilidades económicas y por supuesto hay quienes reciben lentes, tratamientos o incluso las operaciones sin tener que pagar un solo peso.

Somos un país en el que al menos 60 por ciento de la población requiere de lentes y la mayoría no los usan. Un porcentaje relevante ni siquiera conoce la graduación que debiera usar. Hay millones de mexicanos que pueden tener una catarata en proceso, principios o un glaucoma avanzado, o un problema serio en su vista derivado de padecer diabetes.

México es un país en el que su población no atiende debidamente el problema de vista y un emprendimiento de corte social, replicado de uno similar que funciona con mucho éxito en India, acaba siendo muy necesario en el país y por ello ha tenido tan buena acogida desde que inició en 2011.

Se sabe que un total aproximado de dos millones 500 mil mexicanos padecen de cataratas oculares, 700 mil de ellos con niveles ya muy avanzados que seguramente les provocarán ceguera. Cada año se estima que 300 mil mexicanos se incorporan al ejército de nacionales con cataratas. Después de los 50 años la probabilidad de enfrentar cataratas es de 10 por ciento pero conforme se avanza en años la probabilidad incrementa significativamente hasta llegar a 80 por ciento después de los 80 años.

El 14 por ciento de la población padece diabetes y parte de ellos desarrollarán retinopatías que de avanzar los dejarán sin la vista. Un tanto similar enfrentan problemas de glaucoma.

Salauno ha desarrollado a lo largo de sus siete años de vida 12 clínicas de atención y un hospital de cinco mil metros cuadrados para atención a pacientes, entre ellos los que son operados.

El emprendimiento social de Salauno ha sido muy exitoso hasta el momento porque, desafortunadamente, en México existe una importante necesidad de atención a problemas de vista que no pueden ser debidamente atendidos por el sector público en sus instalaciones.

El modelo de negocio puede permitirse un margen pequeño de lucro porque no pagan a sus médicos (55 de ellos) por operación sino por productividad y calidad en el servicio de atención a los pacientes. Es un modelo derivado de una experiencia muy similar en India (Hospital de Ojos Aravind).

La labor de Salauno ha sido reconocida y premiada por el Foro Económico Mundial. Los socios que dieron inicio a este emprendimiento social, Carlos Orellana y Javier Okhuysen, contaron con el apoyo del Banco Mundial vía el International Finance Corporation y el Fondo Adobe Capital.

Los planes contemplan seguir creciendo del centro hacia el sur-sureste del país y posteriormente allegarse de suficientes socios que permitan seguir trabajando en la detección de necesidades en comunidades pobres.

¿Crisis en este emprendimiento? Sí, cuando en un cambio de gobierno el federal dejó de pagarles casi un año. También cuando tuvieron que parar el hospital operatorio debido a que un edificio aledaño fue afectado por el sismo del año pasado. No crean que la bondad de estos proyectos carecen de riesgos.

Pero han salido adelante y esperan no sólo crecer sino aspiran a echar adelante otra iniciativa a partir de alguna otra especialidad médica, porque saben que el país lo requiere urgentemente y se sienten satisfechos de coadyuvar a solucionar problemas mediante un negocio que, sin dejar de serlo, representa una alternativa que permite atender esas necesidades que los gobiernos federal, estatales o municipales no han sido capaces de atender porque no hay presupuesto, porque hay presupuesto pero lo ordeñan para sus particulares intereses, o porque no hay creatividad suficiente o imaginación para hacer crecer un recurso que conocemos que jamás será suficiente para atender una demanda de población olvidada por sus gobernantes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.