¿Desaparecerá el Inadem?
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¿Desaparecerá el Inadem?

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¿Desaparecerá el Inadem?

18/06/2018
Actualización 18/06/2018 - 11:54

Si AMLO llega finalmente a la presidencia de México, muchos afirman, el Inadem habrá de desaparecer.

En primera habría que conocer qué resultados se obtienen de las elecciones el primero de julio, pero independientemente de quién surja como presidente de México, se antoja difícil que quien gane lo desaparezca por ser una ventanilla de promoción relevante.

Se le podrá imprimir un sello especial, marcar un énfasis distinto, distinguirlo con alguna misión concreta, pero hasta ahí. El próximo gobierno querrá revisar los resultados obtenidos y sería ideal que practicara lo que hizo Enrique Jacob Rocha durante su llegada como último subsecretario de la pequeña y mediana empresa: escuchar al ecosistema emprendedor.

Hay una razón fundamental para no desaparecer al organismo: es una ventanilla destacada de promoción. El Inadem es la fábrica de las fotos con sonrisas. Ya al asunto de la comprobación de resultados y del fracaso en el proyecto, cuando sea el caso, no se registra con foto porque ahí nadie sonríe.

Si el Inadem no desparece, lo más lógico sería que avanzara a convertirse en un organismo autónomo que reporte directamente a la presidencia y no a la Secretaría de Economía, siguiendo los parámetros del modelo del que partió el Instituto Nacional del Emprendedor: el SBA, el Small Business Administration.

La autonomía fue un paso que no se pudo hacer cuando Enrique Jacob Rocha, de todas las confianzas del presidente Peña Nieto, se convirtió en el primer presidente del Inadem. Era el mexiquense 'cuate', amigo del presidente Peña, pero no disfrutaba de las confianzas del Secretario de Economía, a quien reportaba. La mentada autonomía no pudo concretarse a pesar de que hubo esfuerzos para que ello ocurriera.

El caso es que lo más cercano que pudiera pasar sería que luego de una evaluación y la correspondiente transformación necesaria, el Inadem luchara por su autonomía en lugar de luchar por su sobrevivencia.

Luego debería de definirse con claridad qué misión se le concede al organismo.

En el inicio de la política pública pro-Pyme (2000) se apoyaba a proyectos empresariales de corte tradicional. Hubo apoyos para moles, salsas y pozoles. Luego buscaron el apoyo preferente a los proyectos de tecnología intermedia y para cuando se analizaba la conveniencia de descremar al complejo incubador (cosa que finalmente se hizo acertadamente), se vino con fuerza, mucha, el apoyo al joven emprendedor y a los proyectos vinculados con las tecnologías de información. Ese fue la orientación preferencial que concedió el Inadem en manos del mexiquense Rocha. Otra de las vertientes interesantes fue el incorporar a fondos de inversión e inversionistas ángeles en el camino de apoyo a emprendedores. Aquí la labor de Adriana Tortajada (ya fuera del Inadem) resultó básica y exitosa.

Pero uno de los aspectos en los que acaba debiéndonos la política pro-Pyme es el acercar los esfuerzos de emprendimiento a la solución de los problemas para los que urge una respuesta específica.

Por un lado están los estados o regiones con vocaciones productivas concretas y por otro los problemas sociales específicos. Lo que se antoja es que preferentemente la promoción se oriente hacia encontrar so-lu-cion-es. Hay muchas necesidades y tiene el derecho el ecosistema emprendedor a encontrar con respuestas concretas solución a problemas específicos.

Piense usted en el sistema educativo.

El 10 por ciento de las escuelas en el país no cuenta con servicio eléctrico; cuatro de cada diez escuelas no tiene drenaje. El 11.2 por ciento no tienen sanitarios y 14 por ciento carecen de mobiliario para los alumnos. ¿No suena necesario plantear soluciones específicas para estas carencias? ¿No puede el Inadem orientar su política de promoción a mitigar las carencias o al menos intentarlo?

No se trata de desaparecer o de mantener, sino de vincular al Instituto Nacional del Emprendedor hacia esos renglones en donde México requiere soluciones. Esa pudiera ser una orientación deseable del organismo rector de la política pública hacia las Pymes.

Desaparecer... no parece oportuno.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.