Satisfacción con la vida y campañas electorales
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Satisfacción con la vida y campañas electorales

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Satisfacción con la vida y campañas electorales

21/12/2017
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Se acerca la Navidad y con la Navidad vendrán días de reflexión con la familia y los amigos en los que inevitablemente estarán presentes temas tan variados como los temas electorales y la felicidad. Por ello en esta columna quiero recuperar estadísticas sobre la satisfacción con la vida en el marco de lo que en las estadísticas oficiales se conoce como bienestar subjetivo, es decir, valoraciones que hacemos las personas sobre nuestra propia vida.

La satisfacción con la vida es un indicador indirecto de muchas cosas que afectan la vida de las personas, pero que no son observables o medibles directamente, tales como los vínculos sociales y afectivos, las amistades, las relaciones familiares, los sentimientos de logro y de propósito de vida o las perspectivas de futuro; además, por supuesto, de los indicadores tradicionales relacionados con el ingreso, la salud, la educación, las condiciones de la vivienda que habitamos, la calidad del empleo o la seguridad, por ejemplo. En este contexto, nadie mejor que nosotros mismos para calificar como interactúan todos estos elementos y calificar como nos sentimos.

Para valorar la satisfacción con la vida se le pide a la persona entrevistada que valore qué tan satisfecha se encuentra actualmente con su vida en una escala de 0 a 10 (donde 0 sería total insatisfacción y 10 total satisfacción). La encuesta más amplia que ha realizado el INEGI ( una muestra de 44,518 viviendas y 39,274 entrevistas logradas) dirigida a la población 18 años y más, ubica el promedio nacional de satisfacción con la vida en 8.0 con diferencias que van desde 8.5 en el caso del Distrito Federal hasta 7.5 en el caso de Oaxaca.

Considerando que quienes respondieron 9 o 10 están muy satisfechos con la vida; 8 o 7 satisfechos; 6 o 5 insatisfechos; y 4 o menos muy insatisfechos, se tiene que el 43.1% pertenece al grupo de los muy satisfechos; 40.2% corresponde a los satisfechos; y solo 12.2% y 4.5% se consideran insatisfechos o muy insatisfechos con la vida, respectivamente.

Calificaciones que sin duda parecen muy elevadas para un país con elevados niveles de pobreza y pésima distribución del ingreso, y que nos permitirían a pensar que hay factores culturales o religiosos más allá de las condiciones económicas que hacen que una persona pueda sentirse satisfecha con la vida; no es el caso. Las condiciones materiales sí hacen la diferencia en la satisfacción con la vida de las personas.

De los resultados de la encuesta se deriva una relación ascendente entre nivel de ingresos y el promedio de satisfacción con la vida. En el decil I, donde se ubican los hogares con menores ingresos, la calificación respecto a la satisfacción con la vida es de 7.4 en promedio, lo que contrasta con el 8.6 de aquellos que se ubican en el decil X, que es el de mayores ingresos. De igual manera y tomando las definiciones de pobreza multidimensional del Coneval, encontramos que la satisfacción con la vida es claramente inferior entre quienes se sitúan en situación de pobreza extrema (7.3) y pobreza moderada (7.7), que entre los que no padecen ni pobreza ni vulnerabilidad (8.5).

Además de preguntar sobre la satisfacción con la vida en general la encuesta hace preguntas sobre la satisfacción con aspectos específicos o dominios. Donde los mexicanos calificamos mejor nuestra satisfacción es en aspectos relacionados con la vida afectiva y particularmente la vida familiar. En contraste, las calificaciones más bajas tienen que ver con la satisfacción con el país (¿Qué tan satisfecho te sientes con el país en el que vives?) y con la seguridad pública, que se ubica en el extremo más bajo.

Si los candidatos orientan sus propuestas de campaña a buscar cómo elevar la satisfacción con vida, sin duda deben concentrar sus ideas en propuestas para elevar las condiciones materiales de la vida de las personas, mejorar la seguridad cotidiana y disminuir la violencia; sin embargo también habría que poner atención a las oportunidades en materia educativa (a mayor educación mayor satisfacción con la vida), a la atención a las adicciones (menor satisfacción con la vida si en el hogar tenemos una persona con adicciones) y a la movilidad social (tienen una menor nivel de satisfacción quienes consideran que tienen un nivel de vida inferior al del hogar en que crecieron).

De igual manera habría que desarrollar propuestas para elevar la satisfacción con el país en el que vivimos, lo que sin duda es un tema multifactorial, pero donde seguramente tiene un papel muy relevante el sentirnos orgullosos de nuestros gobernantes. Para ello la agenda de corrupción y de eficiencia en el gobierno es fundamental.

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* El autor es profesor asociado del CIDE.

Twitter: @EduardoSojoGA

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.