Repensando la descentralización de la CDMX
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Repensando la descentralización de la CDMX

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Repensando la descentralización de la CDMX

05/10/2017
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Sismo
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El sismo del pasado 19 de septiembre ha provocado que se retomen varias agendas que parecían olvidadas. Una de ellas es la descentralización de algunas actividades de la CDMX. En una entrevista para Reforma, el maestro, arquitecto y urbanista Roberto Eibenschutz Hartman lo explicaba de la siguiente manera: “La Ciudad, hace 40 años, tenía un índice de preeminencia —esto quiere decir el peso de la primera Ciudad con relación a la segunda— del orden de 10 o de 11, la Ciudad de México con relación a Guadalajara. Eso ya bajó, ahora es de uno a cinco, pero nuevamente estamos insistiendo en hacerla grande; grandes edificios, grandes equipamientos. Todo el equilibrio que logramos estamos tendiendo a perderlo”. En la misma entrevista planteaba bajarle presión a la CDMX y buscar un desarrollo más equilibrado del país.

Cuando ocurrió el sismo de 1985 se hablaba mucho de la descentralización de las dependencias del gobierno federal; no obstante, esa agenda fue paulatinamente quedando en el olvido.

Después de aquel sismo hubo varios esfuerzos de descentralización, entre los cuales el más ambicioso fue el del Inegi hacia la ciudad de Aguascalientes. Me tocó ser parte del grupo que llevó a cabo la descentralización del Instituto bajo el liderazgo del Dr. Rogelio Montemayor Seguy, entonces presidente del Inegi.

No fue sencillo, había muchos escépticos, se requería un apoyo importante de los gobiernos federal y estatal; y servidores públicos dispuestos a correr riesgos. Hoy, a poco más de 30 años de la primera oleada de servidores públicos que se trasladaron a esa ciudad, el proceso puede ser calificado como muy exitoso.

Otros procesos de descentralización que se han realizado demuestran que muchas responsabilidades del gobierno federal no tienen por qué llevarse a cabo en la CDMX. Vienen a la mente: el Fira, que está ubicado en Morelia; Capufe, en Cuernavaca; el Servicio Geológico Mexicano, en Pachuca; Conafor, en Guadalajara; Conapesca, en Mazatlán; la producción de Libros de Texto Gratuito,  en el Márquez, Querétaro; la Casa de la Moneda, en San Luis Potosí; y un gran número de centros de investigación vinculados con el Conacyt que se ubican en diversas entidades federativas. Estos ejemplos deben inspirar a las oficinas del gobierno federal cuyos edificios públicos han quedado inhabitables.

Sin embargo, me parece que la estrategia de buscar un desarrollo regional más equilibrado en el país pasa por una agenda más ambiciosa. La agenda debe ser integral y bien planeada. El esfuerzo que se está realizando en materia de las Zonas Económicas Especiales y los Centros Integralmente Planeados del Fonatur son ejemplos importantes pero quizá puede pensarse aún más ambiciosamente. A esta dimensión corresponde un proyecto impulsado por Coparmex denominado el Corredor Central, cuyo objetivo es promover el desarrollo regional en el Bajío del país.

El Corredor Central de acuerdo a sus impulsores es ‘el territorio socioeconómico que se ubica en el centro de la República Mexicana que se vértebra por las carreteras federales 45 y 57, las vías férreas, las zonas metropolitanas y las actividades industriales y comerciales’; y se conforma de hasta 95 municipios de siete entidades federativas.

En otras zonas del país seguramente existen este tipo de iniciativas, que bien llevadas podrían conducirnos a tener un país con un desarrollo regional mucho más equilibrado.

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*El autor es profesor asociado del CIDE.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.