“El poder es como el violín”
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“El poder es como el violín”

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“El poder es como el violín”

08/11/2018
Actualización 08/11/2018 - 10:13

En este artículo se describe uno de los cuatro escenarios sobre el siguiente sexenio que comentaba en un artículo anterior. Los escenarios, como ha señalado Richard Wells, presentan realidades potenciales, cuestionan las zonas de confort; y abren la mente a posibilidades divergentes. En este caso buscan contribuir a contrastar el impacto del manejo de la política económica en el siguiente sexenio.

El título de este escenario está basado en la frase que utilizó David Konzevik en Brasil a propósito del gobierno de Lula da Silva: “El poder es como el violín, se toma con la izquierda, pero se toca con la derecha”.

Para describir el escenario de manera más clara me situó a finales del 2024, las elecciones pasaron y para muchos el resultado se explica por la política económica seguida durante el gobierno del presidente López Obrador, quien, después del asunto de Texcoco, se convenció de las bondades de las políticas de mercado para impulsar el desarrollo del país.

Desde el período de transición, en el 2018, ya se percibía. Aquellos que antes criticaban el “modelo neoliberal” adoptaban los preceptos principales del mismo, la apertura comercial, la disciplina fiscal, la competencia económica, la autonomía de la autoridad monetaria, la mejora regulatoria y la apertura a la inversión extranjera. En la transición fue clave el apoyo del equipo del presidente electo en la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y se envió al Congreso un Presupuesto sin déficit primario.

Lo mismo sucedió durante el sexenio, se defendió la disciplina fiscal y se mantuvo una relación deuda a PIB abajo del 50 por ciento; se respetó la autonomía del Banco de México y las instituciones autónomas, en particular las defensoras de la competencia económica, fueron respaldadas por la administración del presidente López Obrador con propuestas de comisionados serios y profesionales, pero el presidente fue más allá de sus antecesores con una propuesta para incrementar los ingresos tributarios y poder cumplir sus promesas de campaña sin afectar los equilibrios macroeconómicos.

En efecto, ante la inconformidad de sus partidarios de no cumplir sus promesas y la desesperación de su propio gobierno por no disponer de recursos fiscales, el presidente salió a defender la propuesta de IVA en alimentos y medicinas con la promesa de que con esos recursos se iba a hacer justicia social, que los más pobres saldrían beneficiados, que ahora sí se invertirían bien los recursos. Fue el período más difícil de su sexenio, los que antes daban discursos encendidos contra el IVA hoy salían, obligados por las circunstancias, a defender la propuesta.

La relación con el Banco de México no fue sencilla. A las presiones cambiarias ocasionadas por la salida de capitales motivada fundamentalmente por razones externas, se sumó un crecimiento acelerado del salario mínimo, que obligó al Banco de México a actuar sobre la tasa de interés, con la consecuente crítica del presidente López Obrador.

No obstante, la política de recuperación acelerada de salario mínimo se mantuvo, y fue, junto con la política de subsidio a los productores agrícolas, el incremento a los programas sociales y las nuevas formas de ejercer la función pública, los principales argumentos de que el modelo seguido por Morena no era “neoliberal”. No fue posible mantener congelados en términos reales los precios de los energéticos, salvo en el inicio del sexenio.

No todo fue mil sobre hojuelas, con los recortes de personal y la disminución de presupuesto en las dependencias disminuyo la efectividad del gobierno federal, que recibió críticas frecuentes. Las alternativas al NAIM no fueron suficientes para resolver los problemas de saturación del AICM, se concluyó la refinería de Tabasco, pero su impacto en la importación de gasolina fue marginal. Sólo pudo ser inaugurada la primera etapa del Tren Maya y existen dudas sobre su continuidad.

Si bien se registró un crecimiento económico superior a los sexenios anteriores (cercano al 3 por ciento en promedio anual) como consecuencia de la reforma energética, la evolución de la economía de los Estados Unidos, y el crecimiento del turismo y el sector agroalimentario, el número de asegurados ante el IMSS creció mucho menos que el sexenio anterior como consecuencia del inicio de la Cuarta Revolución Industrial y la disminución del flujo de Inversión Extranjera Directa en rubros diferentes al energético.

A pesar de los deseos y de los discursos no fue posible incrementar la relación entre inversión pública y el PIB; los crecientes gastos irreductibles, el incremento en el gasto social, que fue prioridad durante la administración, y los frecuentes desastres provocados por ciclones y huracanes hicieron imposible llevar el programa anunciado al inicio de la administración. La inversión privada, después de un inicio incierto, fue apoyada fuertemente y substituyó la estancada inversión pública.

Un evento que contribuyó a la estabilidad y al crecimiento económico fue que el presidente Trump no fue reelecto, con lo que el escenario internacional mejoró significativamente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.