Doce años después (II)
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Doce años después (II)

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Doce años después (II)

03/05/2018

A medida que pasa el tiempo pueden cambiar las posiciones que tomamos respecto a cómo enfrentar los problemas públicos, aquello que alguna vez pensamos puede ser que ya no opere en la realidad porque cambiaron las circunstancias, puede ser también que algunas ideas que teníamos probaron no ser exitosas; igual puede darse el caso de que el conocimiento que ahora tenemos haya cambiado nuestro enfoque de ver las soluciones. No es el caso de AMLO.

En los siguientes artículos analizaré las propuestas en materia económica del candidato de Morena doce años después. Inicio señalando que las propuestas del 2006 y del 2018 muestran una gran consistencia, aunque dado que las circunstancias han cambiado sería mucho más complicado instrumentarlas. Ilustró lo anterior con tres ejemplos, la reubicación del aeropuerto de la CDMX, las propuestas en materia energética y el TLCAN.

En cuanto a la re-localización del aeropuerto de la CDMX, AMLO nunca ha estado de acuerdo con la ubicación del aeropuerto en Texcoco, pero ha cambiado la ubicación deseada. En el 2006 proponía un nuevo aeropuerto en Tizayuca, Hidalgo con un “tren moderno y rápido hacía la CDMX”, ahora propone mantener el aeropuerto actual y construir dos pistas nuevas en el aeropuerto de Santa Lucía, salvo que la situación ha cambiado y hoy ya existe un gran avance en el aeropuerto en Texcoco y su cancelación iniciaría una dinámica en los mercados financieros que nadie quisiera ver en el país.

En materia energética, su propuesta no ha cambiado mucho, pero las circunstancias sí lo han hecho. En el 2006 proponía “fincar las bases del desarrollo nacional sobre el aprovechamiento y la modernización del sector energético”. Ahora propone, de igual manera, que el sector energético sea la palanca del desarrollo nacional, construir refinerías, impulsar la extracción de gas y fortalecer la industria eléctrica, con inversión pública, como en el 2006. AMLO, así lo ha dicho, es partidario de revertir la reforma energética que permitió la inversión privada en el sector. No veo viable una reforma constitucional en reversa, pero tampoco la veo necesaria para limitar o parar la inversión privada. Ninguna empresa invertiría en este sector con un gobierno que no ve bien la inversión privada en el mismo. Nos quedaríamos en el peor de los mundos, con poca inversión pública (por limitación de recursos fiscales) y poca inversión privada (por falta de confianza).

Su postura respecto al Tratado de Libre Comercio tampoco ha cambiado aunque las circunstancias son diferentes. En el 2006 planteaba buscar “un acuerdo con los gobiernos de Estados Unidos y Canadá para evitar que se aplique en el 2008, como se establece en el Tratado de Libre Comercio, la libre importación de maíz y frijol”; hoy esa propuesta ya es historia, los plazos de desgravación se fueron cumpliendo y el TLC ha ido ganando terreno en la percepción de la sociedad; no obstante, su forma de ver la apertura es similar, aunque diferente de lo que piensan los que hicieron su programa económico. En el programa que presento Abel Hibert se señala: “El programa no propone regresar a esquemas proteccionistas que bajo ninguna circunstancia son posibles, dados los acuerdos y tratados comerciales que tiene México”; lo que contrasta con el decálogo que envío el candidato de Morena a El Financiero recientemente: “Reiteramos nuestra disposición a renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pero consideramos conveniente que la firma de los nuevos acuerdos se realice después de las elecciones del 1 de julio para hacerlo en condiciones de equidad, dar margen a la construcción de consensos en nuestro país y proteger a los sectores productivos de México”. Tendríamos, hipotéticamente, dos negociadores, en México y Estados Unidos, que no creen en las bondades de la apertura. Una negociación de pronóstico reservado.

En síntesis, AMLO ha sido consistente en materia económica, sigue pensando de manera muy similar a como lo hacía hace doce años, no desarrollar el aeropuerto en Texcoco, limitar la participación privada en el sector energético y tener menor apertura comercial, aunque, dadas las condiciones actuales, sus propuestas tendrían impactos más graves de ser instrumentadas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.